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elmenjunje

Haciendo un guiño a todo.

Cosa juzgada.

El estudio del derecho me trajo muchas explicaciones, muchos conceptos, pero jamás pensé que me daría una explicativa cátedra sobre algunos procesos internos, en clase de derecho procesal.

Decía el maestro: “el hombre que vive en soledad sólo vive, mas el que vive en sociedad convive“. Y ahí es cuando  recuerdo mi falta de entendimiento.

Cuando uno convive con el otro, empiezan los conflictos de pretensión” la pretensión de querer someter la voluntad del otro a nuestro propio arbitrio, cuando uno solo quiere vivir y el otro por el contrario pretende convivir; días, semanas o llegar a fin de mes todos los meses.

Hablaba más tarde del  “principio de preclusión de los actos procesales” que  establece que determinados actos deben corresponder necesariamente a determinados momentos, fuera de los cuales no pueden ser efectuados y de ejecutarse carecen totalmente de eficacia.

Y así  analizo completamente fuera de tiempo, mis apetencias de vivencias que se llenan con sobrevivencias.

Me vienen a la mente controversias y cuestionamientos como; si se pudiera plegar o estirar al tiempo según nuestros rigores, hacerlo, des-hacerlo, materializarlo, extinguirlo. Volverlo a la memoria o arrastrarlo al olvido, la crema de la intelectualidad.

Pero no, los tiempos de eficacia de la queja son tan reducidos que cuanto más uno se demore en lanzar el reclamo menos importante es para el otro responder o aclarar, hasta el punto de conformarnos con el simple deseo de cumplir del otro, sin ninguna posibilidad de que podamos exigir otra conducta.

Cómo es que es tan claro a la razón mas tan obscuro al entendimiento.  Me ordeno y me desordeno y me encuentro con esos procesos internos que son materia fuera de estudio, que su análisis ya esta precluso, extinto, juzgado y mi reclamo aunque nunca ausente, se percibe completamente perdido y obsoleto.

Con la cabeza casi calva por causa de las dudas, me queda pretender el compromiso de recibir  respuestas, pero  acabo pretendiendo apagar mis procesos internos como se apaga la colilla de un cigarrillo; que solo tiene un instante de dolor, que arde y tan pronto como uno lo permita se consume y acaba olvidado, tirado en los paseos centrales, en los ceniceros colectivos o en las macetas frontales de los locales comerciales, hasta que se lo lleva el pasar y se pierde o se esconde de la vista de todos.

Continúo con el análisis y finalmente entiendo que me queda una única pretensión. Que venga algún barrendero y se lleve a todas las colillas, o venga algún otro y las junte, se las haga llegar o las venda en el mercado negro.

apagar colillas

 

Primer Certamen literario de cuentos cortos “Contame un cuento”

invitacion certamen literario Esta vez, con el fin de escuchar las voces de los niños,  con el apoyo del Centro Cultural de la República Cabildo y  de Cactus Games abrimos este espacio para conocer sus ideas, experiencias y aventuras que a través de la escritura verán la luz.

Los cuentos abren al niño un amplio abanico de posibilidades que en su pequeña experiencia cotidiana posiblemente no hubiera imaginado,  por su variedad de temas, situaciones, ambiente y personajes.

Por ello animamos a todos los niños y niñas de 8 a 12 años a participar nuestro Primer Certamen Literario de Cuentos Cortos “Contame un cuento”, escribiendos sus propios cuentos y contando sus propias historias.

Desde el 10 de enero y hasta el 13 de febrero estará abierto el plazo de presentación de los trabajos, que deberán ser inéditos y con una extensión máxima de cuatro carillas.

Con el fin de facilitar todo el proceso de recopilación de trabajos, distribución de copias a los miembros del jurado, etc., la entrega de trabajos será exclusivamente por correo electrónico enviándolos a la dirección contameuncuento.py@gmail.com (con la indicación en el título del mensaje: “Para el Certamen Literario” y el pseudónimo del participante).

Se concederán 3 premios Primer puesto: Reconocimiento, Lote de libros de la serie Bicentenario y Gift card de Cactus Games por valor de Gs. 100.000. Segundo puesto: Reconocimiento, Lote de libros de la serie Bicentenario, Gift card de Cactus Games por valor de Gs. 75.000. Tercer puesto: Reconocimiento, Lote de juegos de la serie Bicentenario, y Gift card de Cactus Games por valor de Gs. 50.000.

El jurado podrá conceder uno o varios “reconocimientos” para premiar la calidad y originalidad de otros trabajos dignos de mención.

Los trabajos serán evaluados por un jurado compuesto por Patricia Camp y Melissa Ballasch; jóvenes escritoras con numerosas premiaciones literarias a nivel nacional.

Las bases y condiciones del concurso pueden consultarse en la página de Facebook: Contame un cuento.

“Que lo que tanto…”

Son las 7 de la mañana del 24 de diciembre del 2013, la casa esta desordenada y vacía. Me levanto, tomo las carpetas del día y voy al trabajo. El calor de diciembre es húmedo, los espíritus están alborotados y se embisten unos a otros.

!Que embole trabajar en navidad! todo me molesta, el calor, los biblioratos que debo cargar, la caminata, el alboroto de la gente, el tráfico. Mi mente se encuentra perdida entre las nostalgias de lazos mal escogidos y las decepciones del día y de la vida. Pero, sin embargo continuo movida por el piloto automático “salvatore” del existencialismo barato  que reza el “que lo que tanto...”

Cuando por fin las tareas se acaban y puedo sentirme libre de las grillas laborales, otros grilletes toman la guardia y me encierran en las nostalgias. Subo al bus, liada entre carpetas, tacones y otros cacharros de la feminidad y voy rumbo a la misma casa desordenada y vacía que deje en la mañana.

El calor se acrecienta y el bus se llena; de gente, de olores, de circunstancias. Iba absorta en ese bus que estaba repleto de cajas de sidra, verduras, abundancia y espíritu navideño, todo eso hacía que me convierta en un grinch más.

Mas así es cuando de repente, sube una señora que apenas se movía, (supe después que se llamaba Julia),  también llevaba carpetas, bolsones y cacharros, pero se veía que el peso de todo eso era mayor. Iba envuelta en una tela que hacia de vestido y  a la vez de manta, la cabeza estaba ataviada en un trapo que se veía muy caliente para un día como hoy.

Empezó a hablar y llena de ese mal humor que me invadió desde el amanecer, supuse que era una más que subía y lucraba de la lástima de la gente.

“Queridos pasajeros, disculpen la molestia, soy una mujer sola y enferma de cáncer…” fue todo lo que pudo decir y se desplomo al piso. Las telas que llevaba encima se abrieron, dejando ver en su cuello un parche enorme que llegaba hasta sus hombros, sudaba, tosía, su cara estaba hinchada y roja. Sin embargo en medio de toda esa fragilidad, y del grito desesperado de su cuerpo, luchaba – no sé como- con la poca fuerza de voluntad que le quedaba para pedir algunas monedas. 

Por su parte el público permanecía indiferente y lleno de ese “que lo que tanto...” anterior, obsoleto ante el clamor de Julia, todos miraban curiosos pero nadie se levanto para ayudarla, salvo por Don Evaristo, un señor que lucía solo un poco menos pobre que ella pero que nos enseño toda la riqueza que llevaba.

Apenas Julia intenta moverse y levantarse como puede, Don Evaristo se levanta de su sitio y cruza  las muchas cajas de sidra y bolsones abarrotados de provistas que llenaban el pasillo de la linea 41, llego hasta ella en medio de todo eso y de la obscenidad de la gente. La tomó de los brazos con las fuerzas de un anciano cercano a los 70 años, la ayudo a levantarse, le dio un poco de agua que llevaba en un termo que se veía con casi los mismos años que él y le sugirió que se lavara la cara.

Julia se recupera, y busca las monedas de ese público desabrido, mientras Don Evaristo dice en el guaraní más dulce y claro que escuche jamás:

“Nde kuñakarai, nda nde añoi hina, anike nire pensa umia… koa juventudkuera ndopenaiba nderehe la imboriahuveva”.

(Señora, no estas sola, no pienses eso, estos jóvenes de acá, que te ignoran son los que no tienen nada).

Fue mi lección del día.

Shopenhauer me enerva.

¿Quién me llama a mi a leer a Shopenhauer? 

Como siempre un texto me lleva otro, en las páginas de una novela me encuentro con la frase “Nadie es realmente digno de envidia” dirijo la atención a la cita y me encuentro con este personaje. Detengo mi lectura novelesca y la cambio por “El amor, las mujeres y la muerte” un titulo tentador, profundo y esperanzador que resulto ser  un pobre compendio de ensayos escritos por “el filósofo” , en el que no sólo se tratan los temas referidos por el título, sino también otros tantos que se extienden a lo largo de toda la obra sin aportar mucho contenido a la variedad. Pero sobre todos estos temas pesa mas la conciencia y opinión del autor acerca de la existencia femenina.

Freud, después de unos 30 años de investigación, no pudo responder al cuestionamiento: ¿qué quiere una mujer?  Nietzsche, no se limitó a cuestionar la psique femenina, él llegó a la conclusión de que son el juguete más peligroso y sugirió en su momento “Si vas con mujeres, no olvides el látigo“. Pero Arthur Schopenhauer  creía sobre este tema que tenia la verdad atrapada en un frasco.

Para Schopenhauer, las mujeres no tienen categoría; son como niños grandes, mentirosas y torpes en el arte, y existen únicamente para la propagación de la especie. “No debería haber en el mundo más que mujeres de interior, aplicadas a los quehaceres domésticos, y jóvenes solteras […] que se formasen […] no en la arrogancia, sino en el trabajo y en la sumisión”.

Por el momento la obra me asombra y la leo entendiendo el tiempo en que fue creada y las concepciones con las que se vivía. Sin embargo a medida que las paginas pasan, no encuentro sustento para darle ningún tipo de crédito.

El amor, las mujeres y la muerte.

Es un compendio pesimista y falto de criterio, hasta el punto de irritar a sus lectores.

La primera  parte está dedicada al fenómeno del amor “verdadero” o pasional, que Schopenhauer identifica con una estratagema concebida por la naturaleza para asegurar la supervivencia de nuestra especie, algo así como una evolución del instinto reproductor de los animales. Nuestro “filósofo” nos dice que la cosa es sencilla: “que cada macho busque una hembra y cosa solucionada”.

La segunda sección habla exclusivamente de la mujer, y ya desde el principio la acusa de poseer una inteligencia limitada y una “miopía intelectual” que la lleva a observar con profundidad las cosas cercanas y a ignorar las más lejanas.
 
 
“La fidelidad en el matrimonio es artificial para el hombre y natural en la mujer, y por consiguiente (a causa de sus consecuencias y por ser contrario a la Naturaleza), el adulterio de la mujer es mucho menos perdonable que el del hombre”.
 
 
Realmente este señor me enerva. 

Defiende gratuitamente la moral del hombre y señala que su adulterio es más “perdonable” que el de la mujer, en lugar de, simplemente, decir que es más común. Este tipo de cosas restan seriedad y precisión al discurso de cualquier filósofo, quien debe permanecer siempre objetivo e imparcial en sus razonamientos.  

Le sigo dando oportunidad y llego a la tercera parte:  aquí el  asunto a tratar es la muerte. -creo que es la única parte coherente de su pensamiento inútil – nosotros morimos, la especie, no.

“El óraculo de la Naturaleza se extiende a nosotros. Nuestra vida nuestra muerte no le conmueven y no debieran emocionarnos, porque nosotros también formamos parte de la Naturaleza”.
 
 
Hay,  numerosas incoherencias en  sus argumentos. Como cuando habla de la herencia genética  “solamente el hombre es determinante”. Si el carácter de un hombre siempre está definido por el de su padre, ¿cómo se explica el origen, a lo largo de la historia natural, de semejante defecto como la feminidad en un hombre? Es más, si cada parte de la psique se transmite al hijo sin mezclarse entre sí, ¿cómo se explica la diversidad genética? 
 
Schopenhauer no demuestra, ser un gran “filósofo” (por favor no lo llamen más filosofo), es una desilusión y un fracaso, en mejores y más acertadas palabras un perfecto fiasco.

Claramente Nadie es realmente digno de envidia” mucho menos Arthur Schopenhauer,  le recomendaría las palabras de Dostoievski La mujer, sólo el diablo sabe lo que es; yo no lo sé en absoluto.”

Carta abierta a mis compañeros de “Contame un cuento”

Amigos,

Quiero empezar diciendo que  me siento mimada;  por Dios, por mi familia y por el poderoso equipo de cuenta-cuentos y amigos que sin pedir nada a cambio y simplemente disfrutando, acompañaron a  lo largo de este año el desarrollo y crecimiento de Contame un Cuento como organización voluntaria.

Creo que no hay una satisfacción más grande que la se siente cuando se vive el reconocimiento sin buscarlo. Cuando el dar sin recibir nada a cambio se hace patente con el agradecimiento de la gente, con la sonrisas y con las esperanzas renovadas, es lo que vivimos en cada contada, con cada niño feliz que sale corriendo con su librito del “Escuadrón ecológico” y con su imaginación volando.

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Recuerdo que cuando empezamos a contar, un 25 de noviembre de 2012, en las instalaciones de El Lector, eramos Denisse y yo, acompañadas con un grupo de amigas que nos ayudaban decorando, asistiendo, unos tomando fotos, otros  haciendo lo que estaba al alcance. Habíamos convertido mi departamento en una guardería, llena de papel chifon, globos, barquitos y caramelos noches enteras. Hoy somos un grupo conformado, sólido y estable, pero sobre todas estas cosas, somos amigos  que compartimos la misma alegría exacerbada al ver disfrutar de la lectura de los cuentos a niños y niñas por primera vez.

Yo sé que fueron  muchas las veces en que nos sentimos solos, en que sentimos que el esfuerzo y la carga de vernos impedidos de llegar a muchos lugares en donde la carencia de la palabra se veía reflejada en muchos niños sin acceso si quiera a un cuaderno de 20 hojas, todo esto nos sacaba llagas de frustración, como todas esas veces que intentamos llevar nuestros cuentos al Hogar San Pablo y no se pudo dar, o cuando los niños trabajadores de Palma nos contaban que tenían que irse y dejar de escuchar nuestros cuentos porque había que seguir trabajando, recuerdo también aquella vez en que nos enteramos de las carencias en las que estudiaban los niños y niñas de la escuelita de Coronel Oviedo, que se dio a conocer por los medios.

Pero la perseverancia y la fe en la gente y en la misión jamás nos hizo perder la visión.

Realmente creo que Paraguay es un país carente de muchas cosas; salud pública, educación calificada, nutrición infantil promedio, en fin los numerales serían demasiados, quizás a veces hasta la memoria nos falta o simplemente la perdemos, olvidando fácilmente los abusos de quienes gozan de la cosa pública dando oportunidad tras oportunidad a quienes defraudan nuestras esperanzas y entorpecen el camino hacia el crecimiento y el desarrollo nacional. Pero seremos carentes de todo,  pero  menos del afecto, calidez y solidaridad. Somos una nación que cree que el dar no es sinónimo de regalías. Creemos en la gente porque nuestra fe permanece intacta en que alguna vez tendremos un lugar mejor en el cual compartir la abundancia y la bendición.

Un lugar mejor, bendecido y abundante que se construye dando, contando, ayudando, recordando, viviendo. Todos verbos en presente y que ustedes, equipo lo van construyendo DANDO, CONTANDO, AYUDANDO, RECORDANDO Y VIVIENDO desde hace un año.

A cada uno de ustedes les digo, de manera personalísima !Gracias por escoger HACER en presente, por ayudar a los niños de tu país que tanto necesitan sonreír y vivir no solo del mundo mágico de los cuentos sino de la simpleza de ver extendida su inocencia. Por ayudarles a creer que todo lo que se imaginan puede ser logrado.

Recuerden y vivan practicando el presente, porque es el único tiempo que trae resultados, es él ahora el que activa el motor para el mañana.

Denisse, Fernanda, Maura, Marcelo y Nico: !gracias por perseverar!!! (Alguna vez seremos tantos que no podremos recordar tantos nombres) los resultados ya son patentes ahora y no vamos a parar! No vamos a parar!

Un abrazo cuenteril,

Los quiero mucho

Cilia.

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Los cuentos de Ricardo

Hace tiempo que no publico nada, pero cuando me enteré que un compañero de universidad de la carrera de Derecho, obtuvo el tercer puesto en un concurso de cuentos cortos  y pude más tarde leer sus cuentos, supe que debía compartir con ustedes los cuentos de Ricardo.

Ricardo Loup,  además de dedicarse a las letras es abogado, compartimos esta afición que mezcla los asuntos litigiosos con las palabras – aunque por separado – desde épocas en que compartíamos la misma casa de estudios.

“Abundancia” es  la palabra que surge después de leer los cuentos de Ricardo; la palabra abundancia proviene del latín abundantia y se refiere a una gran cantidad  de algo. Así, el término puede ser usado como sinónimo de prosperidad, riqueza o bienestar y es eso lo que Ricardo ofrece con sus cuentos;  tiempos precisos,  buen manejo del suspenso y mucha calidad de palabras.

Su prosa es sonora, llena de ritmos.

El cuento ganador del Tercer Puesto en el Concurso de Cuentos Breves  “Doctor Jorge Ritter” fue La Flecha Guaraní, pero además de este cuento agrego otros cuentos ineditos (que luego Ricardo me confió) para que se deleiten y conozcan nuestra  joven literatura guaraní.

Salud!

Cuentos:

La Flecha Guaraní

Denuncia policial

La carrera (2)

Kurupi fue

Asunción; pasé a mirar nomas.­

Tanto hace desde que no iba  solamente a caminar, sin ningún afán por el centro de Asunción a – mirar nomas– sus calles finitas y su gente apresurada.  Voy sola, camino despacio con mi bolsita de pororos y mi botella de coca.

Palma esta llena, al tope. Hacía tiempo desde que no me topaba con los desfiles estudiantiles de polleras cortas, bastones uniformados y banderas tricolores en ese son de nacionalismo extremo y patriotismo exacerbado.  Las señoritas pintarrajeadas, unas de rulos y otras de riguroso liso mientras las madres, tías y abuelas, ahí nomas sacando fotos y gritando hurras, invadidas de orgullo.

Voy caminando y recuerdo a papá extrañando esos días de sábados  de matiné  en que Palma se llenaba de vida, de juventud, de piropos y besos – anda sabé –  que hacía papá cuando entonces, no cuenta mucho, sigue hablando pero se reserva los detalles de su juventud de jolgorio. Es linda Asunción, nunca fue una ciudad de calma. Cuando caminar por Palma era hacerlo en comunidad, griterío y bullicio;   palmear  le decían. Papá me habla de los   sábados de matinés y los picnics, sobre todo uno en el que conoció a mamá allá por los 80 o antes quiza – llevan tantos años juntos -. “Tenía un vestido celeste y no caminaba todo solo porque no tenía alas, era muy purita tu mamá” dice mientras se toca la barbilla, dibuja una media sonrisa en la cara y relata con humor el día en que la conoció – casi lo puedo ver -.

Cruzo las plazas y me habla con cariño y nostalgia de esas épocas en que se bailaba “en una sola baldosa” y en que en las fiestas pasaban sin excepción alguna una “una pieza lenta” para el deleite y provecho de los muchachos.

Que linda la Asunción que me cuenta papá,  “Era otra cosa mi hija” – me dice -.

La delicada pero trémula Asunción de algarabías que hoy repaso mientras voy vadeando el microcentro; paso por Palma, cruzo El Lido y sigo hasta 15 de mayo. Todas mis memorias van cruzándose al mismo ritmo de mí caminar.

Alcanzo Montevideo y bajo hasta el río, y  allí frente a la bahía de Asunción el viento me levanta la pollera.

Como dice Lia… “Cosas nomas”

Suelo leer el blog de Lía Colombino “Tororé” y cada tanto me encuentro con bellos esbozos de literatura; nueva, fresca, linda… A veces es la literatura de siempre, la que muchos conocemos, leemos y releemos y otras son  bellos compendios de palabras desconocidas, ocultas y a la espera de ser descubiertas.

Así, ella va contando episodios y recopilando anécdotas. Las clasifica en una categoría que llama “cosas nomas”  – simple pero en el ojo –  reviste esas historias con memorias de poemas, fragmentos, canciones o simples citas.

Me gusta mucho el blog de Lia, no quiero plagiar sus ideas, – ni su forma de llegar al alma de la gente – pero hoy también, así como a ella le pasa, tengo una de esas “cosas nomas” para compartir.

Es un fragmento de “La Tregua” de Mario Benedetti, que justito cuando me sentía más divergente con el día y obstinada con el tiempo cayo a resolver mi antipatía con un pintoresco toque de gustoso humor.

Ahi va:

Sábado 6 de abril
 
Sueño descabellado  . Yo venia de atravesar en pijama el parque de Los Aliados. De pronto en la vereda de una casa lujosa de dos plantas, vi que estaba Avellaneda. Me acerqué sin vacilar. Ella tenia puesto un vestidito liso, sin adornos y sin cinturón  directamente sobre la carne. Estaba sentada en un banquito de cocina, junto a un eucaliptus y pelaba papas. De pronto tuve conciencia de que ya era de noche y me acerqué y le dije “Que rico olor a campo”.  Al parecer mi argumento fue decisivo, porque inmediatamente me dediqué a poseerla, sin que mediase resistencia alguna de su parte. Esta mañana, cuando apareció Avellaneda con un vestidito liso, sin adornos y sin cinturón, no pude aguantarme y le dije: “Que rico olor a campo”. Me miró con autentico pánico, exactamente como se mira a un loco  o a un borracho. Para peor de males traté de de explicarle que estaba hablando solo. No la convencí, y al mediodía, cuando se fue, todavía me vigilaba con cierta prevención. Una prueba más de que es posible ser más convincente en los sueños que en la realidad.
 
Mario Benedetti. La Tregua.
 
   
 
 

«Cave musicam!» -¡Cuidado con la música!- Relaciones de la Música con la Filosofía

“Pero se dirá, ¿por qué  escoger preferentemente la música? Pues porque de todos los placeres de los sentidos es el que menos corrompe el alma”
Montesquieu – El espíritu de las leyes.
 

Las verdaderas revoluciones  no son las que nos sorprenden por su grandeza y su violencia. Las transformaciones importantes en que se opera realmente un cambio son aquellas realizadas  en las ideas, las concepciones, las creencias, el alma. Los acontecimientos memorables de la historia son siempre los efectos visibles de cambios invisibles en el pensamiento de los hombres.

Y qué manera más sutil, estratega pero dulce, hábil y hasta estoica a la vez que la música. Que consigue que el alma sienta la dulzura, la compasión , la histeria, en ocasiones el llanto y por momentos hasta la pasión, el desborde y el descontrol. Que provoca al conocimiento en unos y  en otros la embriaguez y la seducción.

La música es sin duda la más tangible y  trasmutable de las artes. En lo que se denomina “conciencia primitiva”, la música está muy cerca de lo humano, apenas se diferencia del habla y las acciones (obra o danza), y se rodea de elementos cotidianos, está hecha  por y para reseñar, para convertirse en historias, hitos, anécdotas, en cuerpo y en alma.

Concibe y crea recuerdos, nombres, hechos, evocaciones, memorias y formas.

La presencia de la música es, alegórica, simbólica y generosa.

Se suele explicar a la palabra “mousike” como un derivado del término colectivo para las Musas, las nueve hijas de Zeus y Mnemosyne (memoria), que eran consideradas dadoras de inspiración y patronas de las distintas artes. En ese entonces, la música era considerada como algo valioso y desconfiable a la vez: valioso por su capacidad de despertar, complacer y regular el alma y de producir buenas cualidades en sus oyentes. Pero, a la vez, se desconfiaba de ella por su capacidad de sobre estimular, narcotizar, distraer y llevar a excesos en la conducta.

Los griegos atribuían un elevado valor moral a su música. Ella formaba el carácter. Si era buena, instigaba a los goces de la acción; si era mala, debilitaba la libre voluntad humana cuando no la suprimía incluso. Por esto, la Música desempeñaba poderoso papel en la educación.

Se conoce la historia de que cierta noche estaba Pitágoras contemplando las estrellas. De repente oyó un gran ruido. Observó a ciertos jóvenes que se esforzaban por entrar en la casa de una hermosa artista. Un músico tocaba una melodía en modo frigio, y esto despertó en los jóvenes su lascivia. Pitágoras se acercó al músico y le mandó que tocase una melodía en modo dórico. Al instante, los jóvenes recuperaron el sosiego y se marcharon a sus hogares.

Sin la música la vida sería un error” – y léase con énfasis que Nietzsche no es dado a las glorificaciones-  Sin embargo, lo ha repetido en sus cartas a Peter Gast y a Georg Brandes. Él ha conferido a menudo que “La música es un hechizo”, (Carmen), ella embruja, pero también pervierte y absorbe completamente a sus auditores. «Cave musicam!» -¡Cuidado con la música!– . Así lo entendió Nietzsche. “Todo lo que no se deja aprender a través de las relaciones musicales engendra en mí hastío y naúsea” –Carta a Rhode del 21 de diciembre de 1871-.

Platón, en una parte de su obra “La República”, habla de la educación de los custodios del Estado, los guerreros. Dice que éstos deberán formarse con tres disciplinas: música, para formar el alma, la gimnasia para el cuerpo y filosofía para el carácter “dulce con sus amigos y conocidos“. Para Platón, la música es alimento de la virtud.

Para Aristóteles la música tiene una utilidad: el divertimiento de los hombres libres. Aristóteles ve elementos positivos en la música, los resalta, como cuando dice: “La música contribuye al reposo”. Y se adentra en los efectos de la música, diciendo que “la música da placer… Y la virtud de gozar, amar y odiar rectamente”.

 Curiosamente el “Compendium Musicae” es la primera obra de Descartes. Este tratado es como una obra de juventud; en el está presente el meollo de su vida y sus primeras turbaciones. “Ciertamente, debería tratar a continuación por separado cada movimiento del alma que la Música puede excitar, y debería mostrar por qué grados, consonancias, tiempos y otras cosas semejantes deben ser excitados tales movimientos; pero esto excedería los límites de un compendio

Las leyendas acerca del poder mágico de la música son tan viejas como la misma literatura. Orfeo es capaz de domesticar a las bestias salvajes y desenraizar a los árboles con su lira. Anfión construye las paredes de piedra de Tebas con su canto. Josué destruye los muros de Jericó con soplidos de trompetas y David cura con su arpa la enfermedad mental de Saúl.

Suman y siguen las aseveraciones acerca de la música. Lo cierto es que ha estado presente siempre. No se puede entender por medio de la razón, pero la música es un agente dador de vida, encantos, memorias, euforias y entusiasmos que se dirigen al alma y a la experiencia humana.

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