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Haciendo un guiño a todo.

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Paralelismos

Nada nuevo hay bajo el sol… “lo que fue eso mismo será lo que se hizo, eso mismo se hará”

Raúl Escalante: comentarios de “Sobre Andamios y Tortugas” en el Cusco.

 

En ocasión de la presentación de la obra “Sobre Andamios y Tortugas” el día 9 de Setiembre de 2016 en el Cusco, fueron estos los comentarios del Escritor y Comunicador Social Peruano Raúl Escalante, quien fue parte de la mesa de presentación en la Casa de la Cultura de Cusco.

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Al leer: I, After-office, II, III, IV, El 35, …la arena y mis pies, V, VI, La caja, VII, La historia de Martín, Sobre Andamios y Tortugas, u VII (el poema sobre la flor de madera que tanto me gusta); nos encontramos  con relatos y textos líricos  rebosantes de: nostalgia, vigor, esperanza, recuerdos, alegría, sueños, lluvia, sol, arena mojada,  vientos, fragancias: fragancias seguramente únicas de aquella linda tierra del Paraguay (que dicho sea de paso, aún no he tenido el grato placer de conocer); pero como decía,  al bucear por las páginas del libro “Sobre Andamios y Tortugas” el lector se topa con historias y poemas impregnados de momentos de vida, en donde las sensaciones y las percepciones del mundo se trasuntan con mucho vigor, pero sobre todo, con gran amor.

Todos los elementos que he encontrado en el libro “Sobre Andamios y Tortugas” de la destacada escritora Cilia Romero, son innatos en un alma sensible dotada de  un riquísimo, creativo, e inquieto espíritu; como seguramente debe ser Cilia, quien esta noche a tenido a bien presentaron el bello texto que ahora tengo en mis manos. Pero como decía: este libro ha sido  escrito todo con amor, y ello es lo que se nota en cada una de sus páginas; ya sean líricas, o en prosa, o  en una interesante prosa lírica.

Quiero resaltar esto hasta pecar de redundante; este libro está hecho con amor, un amor universal… espiritual; y ese amor, es a mi parecer -en esencia- el móvil de cada uno de los relatos de este libro ¡Y ojo!, hay que decirlo: hacer literatura desde el amor no es fácil ni mucho menos gratis; pues  para crear arte desde el amor hay que atravesar por centenares de inevitables tormentas, holocaustos espirituales y avenidas del caos, donde nos topamos con las cosas del mundo de la vida para conocer de cerca al dolor, a la decepción, al sufrimiento, a la frustración,  o al ángel de la muerte; y así y solo así, desde ahí, es cuando se puede producir  buenas historias –con alma-, como ha sucedido con “Sobre Andamios y Tortugas”.

Dicho esto, quiero terminar mi participación en esta parte de los comentarios, leyendo “VIII”…

Me regaló una flor de madera, dice que para que dure.

-¿Para que dure cuánto?

-Hasta que se llene de polvo

-¿Cuánto polvo?

.Todo el que necesites.

Cilia, te deseo más éxitos en tu carrera literaria y así mismo invitó a los presentes a que lean este precioso libro.

Cusco, setiembre de 2016

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Captura – Describe – Expone

Ayer iniciamos las clases del Taller de redacción creativa y fotografía documental “CAPTURA, DESCRIBE, EXPONE” en Vicoli Libros. La idea del taller es conjugar la creatividad mediante la narración y las imagenes, matizando la composición para darle mayor impacto a la historia.

Fotografiar no es simplemente capturar un momento ideal, es crear, es iniciar un proceso artístico que dibuja una escena y relata una historia. La escritura por su parte es la revelación del lenguaje de las imagenes, los sonidos, los aromas, de las esencias, los sabores que describen y a la vez dibujan la escena y la trama.

En la primera clase impartida, arrancamos con ejercicios que pretenden despertar todos estos puntos creativos. Desarrollamos la consigna del cerrojo, imaginándonos qué había detrás de una puerta cerrada y ausente de llave.

La práctica del ejercicio resultó en historias geniales que desde la primera clase ya marcaba el estilo de cada uno de los participantes.

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Comparto con ustedes una de las historias de la noche:

Mirando por la cerradura. Escrito por Carlos Ojeda

Veo tus manos, llenas de callos e historias. Solamente imaginar que hicieron antes, me da pena y orgullo al mismo tiempo.

Cuando pasas frente a la cerradura, con diligencia en tus pies pero achaques en la espalda, veo que cargas montones y montones de remedios que van directamente a una bolsa de basura. Esa bolsa amarilla que esta casi llena de cosas que no son mas que recuerdos dolorosos.

La tarea sigue y sigue. Un cajón, la mitad a la basura.

Otro cajón, la otra mitad a la basura.

¿Puede uno botar los recuerdos que tanto tiempo esas manos se encargaron de velar?

Solo el tiempo lo dirá.

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El taller tendrá una duración de 8 clases, que se distribuirán en clases de escritura y fotografía. Se culminarán las clases con una exposición en un centro cultural en donde se escogerá a la mejor propuesta de composición fotográfica y escrita.

Agua que corre

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Gotas de lluvia pendiendo de un alambre,
de una rama, de una hoja.

Quietas,
como congeladas en el tiempo,
como sudor en la piel de las ranas.

Cae la lluvia en el monte,
mueven las hojas las gotas.
y mi cara de gotas se moja.

Huele a lluvia, a flor de coco, a viento sur y a agua que corre.
Corre el agua y en ella reposan miles de poros,
poros de agua misma que desde arriba baja y la toca de nuevo, 
suena el sonido de la caida,
de la apertura de esos miles de millones de poros,
que llenan mi cuerpo de calma.

Costa del Arroyo Yhaguy, Enero 2015

Lazos de mi pelo

Me partí en dos despuès de ti;
me dividí como se dividen los dias,
según las ganas que tengas de recordarme.
Elvira Sastre

Moja la lluvia mi cara,
vuelan las telas de mi falda, y el viento se lleva los lazos de mi pelo.

Vine hasta aquí para dejarla nadar y romperse en las olas, a mi alma loca  que no se sacia de vos.

Para que el viento la mueva y escriba en la arena nuevas historias sin rostros de vos.

Con la arena en los pies y el sol en la cara, el viento en la falda y  canela en la piel; me despido de vos , de mi alma que es tuya.

Para que no vuelva sin vos, para que no te toque sin mi.

Pantano cercano

Polvareda que pesa como arena mojada,
que huele a azufre,
sabe a nectar.

Que nubla ojos,
ensucia oidos.

Que crece y decrece en mi pantano cercano.

Sobrevuelan  tormentos.

Humedos, sonoros, oscuros. Pantano tan cercano que invita a oler olvido.

Tocan mis pies barro que se mete en las ranuras de mis uñas.

Quietas estan las sombras que escucho.

las huelo rehuir, buscar otros cuerpos.

las veo olvidar.

Y mientras la niebla se estira y baila en el vacío, algo se evapora mientras miro.

Ojos llenos de pus

No se puede vivir sin aire.
Sin alma.
Con el estómago vacío.
Con el terror en la garganta,
La mirada rasgada.
Con el quebranto de un niño.

A medida que voy volando bajo, la tierra sube a mi cara como pedradas de pecado para levantar la cara y volar màs alto.

Es el retorno de un día de muchas verdades que explotaron como una fruta madura, las emociones del vientre me tomaban de la cintura generando espasmos. Cuando en algún punto del retorno sube a mi bus un niño.

Mi garganta se lleno de espanto.

-¡Comprame mi coca! Por favor me salio un pus en el ojo, comprenme mi coca!

Trae consigo a lo sumo 7 años y a lo sumo también 3 cocas. Camina en medio de un pasillo lleno de indiferencia. Llega hasta mí .

-¿papi què te pasa? Comprame mi coca ya me quiero ir.
-Dame las tres y llevalas y vendelas de nuevo!

Y desde unos ojos llenos de pus el grito volvio a salir:

¡Ya me quiero ir!

Y las  botellas de coca cayeron en mis regazos.

“Que lo que tanto…”

Son las 7 de la mañana del 24 de diciembre del 2013, la casa esta desordenada y vacía. Me levanto, tomo las carpetas del día y voy al trabajo. El calor de diciembre es húmedo, los espíritus están alborotados y se embisten unos a otros.

!Que embole trabajar en navidad! todo me molesta, el calor, los biblioratos que debo cargar, la caminata, el alboroto de la gente, el tráfico. Mi mente se encuentra perdida entre las nostalgias de lazos mal escogidos y las decepciones del día y de la vida. Pero, sin embargo continuo movida por el piloto automático “salvatore” del existencialismo barato  que reza el “que lo que tanto...”

Cuando por fin las tareas se acaban y puedo sentirme libre de las grillas laborales, otros grilletes toman la guardia y me encierran en las nostalgias. Subo al bus, liada entre carpetas, tacones y otros cacharros de la feminidad y voy rumbo a la misma casa desordenada y vacía que deje en la mañana.

El calor se acrecienta y el bus se llena; de gente, de olores, de circunstancias. Iba absorta en ese bus que estaba repleto de cajas de sidra, verduras, abundancia y espíritu navideño, todo eso hacía que me convierta en un grinch más.

Mas así es cuando de repente, sube una señora que apenas se movía, (supe después que se llamaba Julia),  también llevaba carpetas, bolsones y cacharros, pero se veía que el peso de todo eso era mayor. Iba envuelta en una tela que hacia de vestido y  a la vez de manta, la cabeza estaba ataviada en un trapo que se veía muy caliente para un día como hoy.

Empezó a hablar y llena de ese mal humor que me invadió desde el amanecer, supuse que era una más que subía y lucraba de la lástima de la gente.

“Queridos pasajeros, disculpen la molestia, soy una mujer sola y enferma de cáncer…” fue todo lo que pudo decir y se desplomo al piso. Las telas que llevaba encima se abrieron, dejando ver en su cuello un parche enorme que llegaba hasta sus hombros, sudaba, tosía, su cara estaba hinchada y roja. Sin embargo en medio de toda esa fragilidad, y del grito desesperado de su cuerpo, luchaba – no sé como- con la poca fuerza de voluntad que le quedaba para pedir algunas monedas. 

Por su parte el público permanecía indiferente y lleno de ese “que lo que tanto...” anterior, obsoleto ante el clamor de Julia, todos miraban curiosos pero nadie se levanto para ayudarla, salvo por Don Evaristo, un señor que lucía solo un poco menos pobre que ella pero que nos enseño toda la riqueza que llevaba.

Apenas Julia intenta moverse y levantarse como puede, Don Evaristo se levanta de su sitio y cruza  las muchas cajas de sidra y bolsones abarrotados de provistas que llenaban el pasillo de la linea 41, llego hasta ella en medio de todo eso y de la obscenidad de la gente. La tomó de los brazos con las fuerzas de un anciano cercano a los 70 años, la ayudo a levantarse, le dio un poco de agua que llevaba en un termo que se veía con casi los mismos años que él y le sugirió que se lavara la cara.

Julia se recupera, y busca las monedas de ese público desabrido, mientras Don Evaristo dice en el guaraní más dulce y claro que escuche jamás:

“Nde kuñakarai, nda nde añoi hina, anike nire pensa umia… koa juventudkuera ndopenaiba nderehe la imboriahuveva”.

(Señora, no estas sola, no pienses eso, estos jóvenes de acá, que te ignoran son los que no tienen nada).

Fue mi lección del día.

Shopenhauer me enerva.

¿Quién me llama a mi a leer a Shopenhauer? 

Como siempre un texto me lleva otro, en las páginas de una novela me encuentro con la frase “Nadie es realmente digno de envidia” dirijo la atención a la cita y me encuentro con este personaje. Detengo mi lectura novelesca y la cambio por “El amor, las mujeres y la muerte” un titulo tentador, profundo y esperanzador que resulto ser  un pobre compendio de ensayos escritos por “el filósofo” , en el que no sólo se tratan los temas referidos por el título, sino también otros tantos que se extienden a lo largo de toda la obra sin aportar mucho contenido a la variedad. Pero sobre todos estos temas pesa mas la conciencia y opinión del autor acerca de la existencia femenina.

Freud, después de unos 30 años de investigación, no pudo responder al cuestionamiento: ¿qué quiere una mujer?  Nietzsche, no se limitó a cuestionar la psique femenina, él llegó a la conclusión de que son el juguete más peligroso y sugirió en su momento “Si vas con mujeres, no olvides el látigo“. Pero Arthur Schopenhauer  creía sobre este tema que tenia la verdad atrapada en un frasco.

Para Schopenhauer, las mujeres no tienen categoría; son como niños grandes, mentirosas y torpes en el arte, y existen únicamente para la propagación de la especie. “No debería haber en el mundo más que mujeres de interior, aplicadas a los quehaceres domésticos, y jóvenes solteras […] que se formasen […] no en la arrogancia, sino en el trabajo y en la sumisión”.

Por el momento la obra me asombra y la leo entendiendo el tiempo en que fue creada y las concepciones con las que se vivía. Sin embargo a medida que las paginas pasan, no encuentro sustento para darle ningún tipo de crédito.

El amor, las mujeres y la muerte.

Es un compendio pesimista y falto de criterio, hasta el punto de irritar a sus lectores.

La primera  parte está dedicada al fenómeno del amor “verdadero” o pasional, que Schopenhauer identifica con una estratagema concebida por la naturaleza para asegurar la supervivencia de nuestra especie, algo así como una evolución del instinto reproductor de los animales. Nuestro “filósofo” nos dice que la cosa es sencilla: “que cada macho busque una hembra y cosa solucionada”.

La segunda sección habla exclusivamente de la mujer, y ya desde el principio la acusa de poseer una inteligencia limitada y una “miopía intelectual” que la lleva a observar con profundidad las cosas cercanas y a ignorar las más lejanas.
 
 
“La fidelidad en el matrimonio es artificial para el hombre y natural en la mujer, y por consiguiente (a causa de sus consecuencias y por ser contrario a la Naturaleza), el adulterio de la mujer es mucho menos perdonable que el del hombre”.
 
 
Realmente este señor me enerva. 

Defiende gratuitamente la moral del hombre y señala que su adulterio es más “perdonable” que el de la mujer, en lugar de, simplemente, decir que es más común. Este tipo de cosas restan seriedad y precisión al discurso de cualquier filósofo, quien debe permanecer siempre objetivo e imparcial en sus razonamientos.  

Le sigo dando oportunidad y llego a la tercera parte:  aquí el  asunto a tratar es la muerte. -creo que es la única parte coherente de su pensamiento inútil – nosotros morimos, la especie, no.

“El óraculo de la Naturaleza se extiende a nosotros. Nuestra vida nuestra muerte no le conmueven y no debieran emocionarnos, porque nosotros también formamos parte de la Naturaleza”.
 
 
Hay,  numerosas incoherencias en  sus argumentos. Como cuando habla de la herencia genética  “solamente el hombre es determinante”. Si el carácter de un hombre siempre está definido por el de su padre, ¿cómo se explica el origen, a lo largo de la historia natural, de semejante defecto como la feminidad en un hombre? Es más, si cada parte de la psique se transmite al hijo sin mezclarse entre sí, ¿cómo se explica la diversidad genética? 
 
Schopenhauer no demuestra, ser un gran “filósofo” (por favor no lo llamen más filosofo), es una desilusión y un fracaso, en mejores y más acertadas palabras un perfecto fiasco.

Claramente Nadie es realmente digno de envidia” mucho menos Arthur Schopenhauer,  le recomendaría las palabras de Dostoievski La mujer, sólo el diablo sabe lo que es; yo no lo sé en absoluto.”

Otras vías del vínculo; las relaciones y la soledad

El vínculo es lo que ata o apega a las personas o a las cosas, unión o atadura según se lo mida o señale. Pero, es preciso distinguir dos conceptos diferentes: vínculo y relación.

El primero con características de ligadura inconsciente y el segundo como la multiplicidad de sus manifestaciones.

Leí  a Levi-Strauss, en “Las estructuras elementales de parentesco ” y este menciona sobre el vínculo y las relaciones lo que sigue:

– Las relaciones son el conjunto de realizaciones donde se manifiesta la matriz inconsciente del vínculo. El ser humano nace y vive en un mundo de vínculos. Estar sólo implica provisoria o definitivamente la idea de des-vínculo, con la posibilidad de estar acompañado por las relaciones. Soledad implica al estado mental individual o compartido de estar ligado en un vínculo impregnado de malestar; donde inconscientemente (sin saberlo) deja y es dejado solo/la por el otro, con la amenaza de caer en el estado de desamparo-

¿Estado de desamparo, impregnado de malestar? Me permito objetarlo.

Las relaciones, categorizadas o estandarizadas en cualquier estigma o etiqueta están hechas  (o sirven para) causar el disfrute de dos o la insana y molesta incomodidad; ambas necesarias.  Están para cubrir la gregaria ambición de no despertar solos;  en la calle, en los afters de los días laborales, en la cama, en los pasillos de la universidad o en el café del teatro.

Están para no encontrarnos inermes, para no caminar por separado, para conocer los olores y sonidos del ser humano que en soledad desconocíamos; así  unos roncan, otros callan, otros caminan sonámbulos en la noche o en el día, despiertos o dormidos, así otros que quizá simplemente nunca despierten o no pretenden despertar.

Las relaciones son para eso, para encontrarnos y descubrir que hay otro polo, otras circunstancias, otras vías del vínculo.

La soledad en sí misma no tiene esos vaivenes, la soledad que no esta apegada a la amenaza del desamparo del que habla Levi-Strauss no tiene esos reconocimientos, tiene otras cosas, otros sonidos, otros letargos, otros olores; como el del café recién batido, el de los libros amarillos, el del tabaco y el de las sábanas mojadas y etílicas o por que no, el del mismo disfrute de lo solitario.

Esa soledad tipificada en el disfrute del retiro tiene otras formas; la intensidad de la noche que gusta de no acabar, el ritmo de las lágrimas al caer por las mejillas, la fuerza de la risa que dirige la cabeza hacia atrás con cada carcajada, el aroma de la energía de la seducción en las mujeres y el de la conquista en los hombres.

Esa soledad es moldeable, dirigible, elástica y pendenciera. Puedes tomarla y crear con ella tantas cosas, tiene arranques, episodios, arrebatos, torpezas. Puedes asirla y salir a la calle a escuchar de qué hablan, sonreír en silencio y seguir tu camino observando el detalle de los puentes, el silencio de los días feriados o la urbanidad histérica de los días intensos. O bien  puedes evadirla, y obviar lo que pretende hacerte conocer.

La soledad que escoge el retiro ve otras cosas, todas ellas en detalle. Es confusa, crea y destruye, ordena y desordena es variada y es distante. Soledad por separado, no esa soledad de las relaciones, porque esta última no ve, no oye, no crea y no vive más que para encontrarse con el otro, entrega su voluntad, su energía, su albedrío y entereza y se constituye en la más mezquina y  agreste de todas.

Cabiendo así, sólo entonces la teoría del “Estado de desamparo, impregnado de malestar” de Levi-Strauss.

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