Buscar

elmenjunje

Haciendo un guiño a todo.

Categoría

Historias de mi Tierra

Asunción; pasé a mirar nomas.­

Tanto hace desde que no iba  solamente a caminar, sin ningún afán por el centro de Asunción a – mirar nomas– sus calles finitas y su gente apresurada.  Voy sola, camino despacio con mi bolsita de pororos y mi botella de coca.

Palma esta llena, al tope. Hacía tiempo desde que no me topaba con los desfiles estudiantiles de polleras cortas, bastones uniformados y banderas tricolores en ese son de nacionalismo extremo y patriotismo exacerbado.  Las señoritas pintarrajeadas, unas de rulos y otras de riguroso liso mientras las madres, tías y abuelas, ahí nomas sacando fotos y gritando hurras, invadidas de orgullo.

Voy caminando y recuerdo a papá extrañando esos días de sábados  de matiné  en que Palma se llenaba de vida, de juventud, de piropos y besos – anda sabé –  que hacía papá cuando entonces, no cuenta mucho, sigue hablando pero se reserva los detalles de su juventud de jolgorio. Es linda Asunción, nunca fue una ciudad de calma. Cuando caminar por Palma era hacerlo en comunidad, griterío y bullicio;   palmear  le decían. Papá me habla de los   sábados de matinés y los picnics, sobre todo uno en el que conoció a mamá allá por los 80 o antes quiza – llevan tantos años juntos -. “Tenía un vestido celeste y no caminaba todo solo porque no tenía alas, era muy purita tu mamá” dice mientras se toca la barbilla, dibuja una media sonrisa en la cara y relata con humor el día en que la conoció – casi lo puedo ver -.

Cruzo las plazas y me habla con cariño y nostalgia de esas épocas en que se bailaba “en una sola baldosa” y en que en las fiestas pasaban sin excepción alguna una “una pieza lenta” para el deleite y provecho de los muchachos.

Que linda la Asunción que me cuenta papá,  “Era otra cosa mi hija” – me dice -.

La delicada pero trémula Asunción de algarabías que hoy repaso mientras voy vadeando el microcentro; paso por Palma, cruzo El Lido y sigo hasta 15 de mayo. Todas mis memorias van cruzándose al mismo ritmo de mí caminar.

Alcanzo Montevideo y bajo hasta el río, y  allí frente a la bahía de Asunción el viento me levanta la pollera.

Indagando voy al “no se que del Paraguayo”

La energía que desplego el Paraguay cuando la guerra  despertó admiración en los contemporaneos, hizo  algun ruido en el mundo y ha dado y da todavia bastante que decir. Que energía hubo y extraordinaria que nadie niega – en ello estan conformes amigos y enemigos, actores y testigos. La discrepancia empieza en averiguar sus causas.

Alguien no pudiendo explicarse el “ningún miedo” de nuestro soldado a la muerte, dijo, alguna vez, que el paraguayo “era insensible al dolor” porque era salvaje. Parece que, efectivamente, el hombre de civilización refinada es más sensible que el hombre salvaje. Pero, “el paraguayo no era salvaje, simplemente su espíritu guerrero era superior al del enemigo ” nos cuenta Don Manuel Dominguez en su obra “El alma de la raza”.

El Ministro norteamericano Washburn sorprendido por este “inconmensurable valor” hizo que se le oiga decir que “La razón porqué los paraguayos pelean de un modo desesperado, es que hay siempre mas peligro en retroceder que en marchar adelante. Atrás pone Lopez regimientos, que han de fusilar a los cobardes y con esta estrategia  hacen héroes. No es un secreto el valor paraguayo –decía-, es simplemente un miedo al tirano”. Al manifestar todo esto, entiendo que efectivamente debió haber sido un valor indescriptible, soberano y auténtico el del soldado paraguayo, para evocar en ilustres, enemigos y amigos inspiración, quebrantos y criticas. Ese valor definitivamente era patente, existía y por eso hablaban de él.

El Paraguay fue colonizado por la más alta nobleza de España, por vascos y castellanos. El noble fuerte mezclo su sangre con la del guaraní que era hospitalario, noble pero sufrido y nació el mestizo. Azara, un tanto maldiciente decía; “Los paraguayos  aventajan a los de Buenos Aires en sagacidad, actividad, estatura y proporciones. En todo”. Sigue diciendo; “En Buenos Aires la raza de los mestizos se va haciendo mas Europea sin conseguir las ventajas dichas de los paraguayos, encuentro que, los paraguayos son muy astutos de luces mas claras hasta de los criollos (hijos de españoles y españolas)” y termina diciendo, – concluyo asi como Moussy y Waitz -, “las especies mejoran con las mezclas”.

Un suizo Rengger, estudió a los paraguayos durante años y dio un fallo favorable, sobre la raza paraguaya  “los paraguayos poseen todas las ventajas exteriores de la bella raza a que pertenecen sus padres, unidas a los caracteres morales de los indios, de que descienden por el lado materno Thompson clavo en el paraguayo sus ojos de ingles y certifico que “la raza paraguaya era físicamente superior a la de los estados vecinos“. Guiado por lo citado quizás, Larousse estampo en su Diccionario este juicio muy honroso para el Paraguay “ Su población ha formado una raza muy bella, ciertamente igual si no superior, a la de los primeros conquistadores”

!Quien sabe! Quien sabe si la raza paraguaya no estaba o no está llamada a alcanzar las cumbres a que solo llegan las razas muy superiores. Algo de esto columbro Rengger, el cientifico mejor organizado que ha visitado el Paraguay después de Bonpland. – Indagando voy al no se que del paraguayo –

Decian de nosotros que al paraguayo no gusta derramar sangre inutil. En su generosidad este valiente abraza al vencido como Cabañas a Belgrano. Derriba el gobierno colonial sin matar a nadie. El sargento Dure, a la muerte del Dictador, cambia la situacion sin causar heridas. Da los golpes del 9 de junio y del 9 de Enero sin derramar una gota de sangre. Solo en Paraguay sucedian estas cosas, ayer y hoy, ahora y antes.Esto  no pasa en ninguna parte decia un español segun nos cuenta Manuel Dominguez en sus memorias. Nuestra indole amable se puso de relieve siempre, lo mismo que nuestro caracter hospitalario, rastro hermoso de nuestra casta indigena.

En ningún pais hubo menos criminales que en el Paraguay desde el coloniaje, bajo Francia menos que antes y del tiempo de Don Carlos se dice que los criminales “eran casi desconocidos” (Dermersay)

Era sufrido y aqui llego a otro carácter típico en que he de insistir. El guarani se pasmaba de que hubiera prisioneros capaces  de pedir la vida al vencedor, tal cobardía era, a sus ojos, mancha fea que deshonraba y su cruza heredo -¿Como dudarlo?- este valor. Azara decia; “el indio ni grita ni se queja”, sufrir callado, estoicismo puro, ésta es su regla de conducta.

Posee el genio del indigena “el guarani” lengua llena de astucias, rica en ironías que castigan la flaqueza humana. Hablando su sonoro guarani es alegre, otro índice de su salud física y mental. Las razas tristes son desgraciadas y enfermas. Nuestra gente derrotada hoy, torna y retorna a la carga.

Historias de soldados veteranos cuentan que “Sabiendo que va a la muerte se burla con picante ironia, de los que fuimos contra el enemigo, volvio uno solo una vez, y volvio comiendo galleta y con las tripas colgando, y se reia el condenado”, agregando a su risa, el tan mentado, “japuka mba´e, iporave upeva” (riamos, que eso es mejor).

Concluyo nombrando de nuevo a Washburn, éste no dijo la verdad cuando afirmó que en su circular del 14 de setiembre, que Lopez ponia detras de los que entraban en combate, batallones con orden de fusilar a los cobardes. Precisamente su falta de táctica estaba en no poner tropas de reserva con esta función ni con ninguna.

Y aparte de todo, Washburn, cegado por el odio a Lopez y a nuestro pueblo se olvido de haber escrito dos meses antes de la citada circular en su nota del 14 de julio de 1868, al Ministro de relaciones Exteriores del Paraguay, que  “El Paraguay ha sostenido una guerra con una bravura y abnegación que han de hacer de ella  (de la guerra) una de las mas notables de la historia”. Y asi lo fue.

Queda dicho que a las energías que brotaban de causas internas y externas, se debía aquella bravura y aquella abnegación. De esta suerte y no por el famoso “miedo al tirano” es que el heroismo se desplego y sobrevivio hasta nuestros tiempos en nuestra patria.

Historias olvidadas de “Ypakarai”

Cuenta una leyenda que, en el valle del arroyo Pirayu, había una fuente o pozo de agua. Un día, un indio negó agua a otro que por allí pasaba. Este hecho desato la ira de los dioses, se sacudió la tierra en todo el valle y de la fuente broto el agua en catarata, inundando aldeas vecinas. Los pocos sobrevivientes acudieron desesperados al Evangelizador Franciscano Fray Luis Bolaños. Este, subido a una altura, invoco a Dios y con una cruz y un libro en las manos conjuró y bendijo las aguas bravías, que inmediatamente se calmaron y detuvieron su avance. Desde entonces, 1603 el lago así formado se llama Ypakarai. Es decir, “ypa” (lago), “karai” (señor), “Ypa oñembokarai vaekue ” (lago que ha sido bendecido, bautizado).

Tres siglos después, en una mañana del 24 de Agosto de 1881 siendo Presidente de la República del Paraguay el General Bernardino Caballero fundaba una colonia de inmigrantes alemanes, a la que éstos pusieron el nombre de “San Bernardino”.

Llevaba medio siglo de existencia la prospera villa germana, cuando se convirtió en centro invernal de turistas porteños y centro de veraniego de las familias asuncenas. Un ingles, Don Ernesto Stanley, construyo a orillas del lago un señorial bungalow amueblado al estilo de su país en donde pasaba sus días entre sus cuadros, sus libros y su hija.

 Por esos días llegó a San Bernardino un escandinavo  de apellido Erickson. Se propuso construir un yate, casarse con la hija de Stanley y salir juntos  a dar en él la vuelta al mundo. Empezó a construirlo dentro del astillero de su futuro suegro. Pero para poder sacar de ahí al yate, hubo que demoler el astillero. Lo bautizo con el nombre de “Ulf” que significa lobo. Lo navego entonces hacia el Río Salado, pero para entrar a este, hubo que romper el dique natural de piedras, sauces y raigones que existía en su naciente. Por otra parte el arroyo Pirayu complico aun más el problema cambiando la transparencia de sus aguas por un color barroso, dejando de ser el Lago Azul.

El “Ulf”, después de navegar por el río Salado y el río Paraguay, hizo escala en Asunción. Manuel Ortiz Guerrero, el popular guaireño, fue al puerto para verlo y le dedicó un bello poema, impregnado de profunda melancolía que en partes decía:

Ulf
 
El “Ulf” esta listo: minusculo yate, igual no se ha visto,
Izado en el mastil el bélico paño tricolor se ve ,
De Tayi es la quilla, de urundey negro la ferrea costilla,
de laurel su casco, la banda de cedro y el mástil de fe.
 
El “lobo” que vino por el río Salado, de San Bernardino,
dormita en la rada cual cisne coqueto soñando en el mar.
 
¡Beber Iotananza! ¡Los vientos del Cabo de Buena Esperanza!
¡Melódicos golfos añiles que habrá de surcar!
 
Que aquí no es ingrata la tierra, si no que – de hembra se trata-
vive ella en espera de mozos que sepan hacerse querer;
pitos y sirenas de fábricas rasgan las tardes serenas,
y se abren los mudos electricos del anochecer.
 
 Lleva este mensaje, por sobre una danza brutal del oleaje,
para Madagascar, Bengala, Sumatra, Australia y Japón,
y en el día infausto en que el “Ulf” se estrelle para siempre,
exhausto de tanto cortar los mares..
 
¡Todos vendaremos nuestro corazón!
 
El “lobo” que vino, por el río Salado de San Bernardino,
dormita en la rada como en una hamaca de etamina azul,
¡Oh, pobre alma mía, ciega de luz, loca de melancolía!
 
¿Lloras porque quieres, también para siempre partir con el “Ulf”?

El yate siguió después aguas abajo, salió al estuario del Plata y prosiguió su viaje por el mar. Pero un día se cumplió el vaticino del poeta. Y se anunciaba que el “Ulf”, durante  una tempestad, había naufragado en el mar de las Antillas.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑