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Haciendo un guiño a todo.

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Ensayos

Shopenhauer me enerva.

¿Quién me llama a mi a leer a Shopenhauer? 

Como siempre un texto me lleva otro, en las páginas de una novela me encuentro con la frase “Nadie es realmente digno de envidia” dirijo la atención a la cita y me encuentro con este personaje. Detengo mi lectura novelesca y la cambio por “El amor, las mujeres y la muerte” un titulo tentador, profundo y esperanzador que resulto ser  un pobre compendio de ensayos escritos por “el filósofo” , en el que no sólo se tratan los temas referidos por el título, sino también otros tantos que se extienden a lo largo de toda la obra sin aportar mucho contenido a la variedad. Pero sobre todos estos temas pesa mas la conciencia y opinión del autor acerca de la existencia femenina.

Freud, después de unos 30 años de investigación, no pudo responder al cuestionamiento: ¿qué quiere una mujer?  Nietzsche, no se limitó a cuestionar la psique femenina, él llegó a la conclusión de que son el juguete más peligroso y sugirió en su momento “Si vas con mujeres, no olvides el látigo“. Pero Arthur Schopenhauer  creía sobre este tema que tenia la verdad atrapada en un frasco.

Para Schopenhauer, las mujeres no tienen categoría; son como niños grandes, mentirosas y torpes en el arte, y existen únicamente para la propagación de la especie. “No debería haber en el mundo más que mujeres de interior, aplicadas a los quehaceres domésticos, y jóvenes solteras […] que se formasen […] no en la arrogancia, sino en el trabajo y en la sumisión”.

Por el momento la obra me asombra y la leo entendiendo el tiempo en que fue creada y las concepciones con las que se vivía. Sin embargo a medida que las paginas pasan, no encuentro sustento para darle ningún tipo de crédito.

El amor, las mujeres y la muerte.

Es un compendio pesimista y falto de criterio, hasta el punto de irritar a sus lectores.

La primera  parte está dedicada al fenómeno del amor “verdadero” o pasional, que Schopenhauer identifica con una estratagema concebida por la naturaleza para asegurar la supervivencia de nuestra especie, algo así como una evolución del instinto reproductor de los animales. Nuestro “filósofo” nos dice que la cosa es sencilla: “que cada macho busque una hembra y cosa solucionada”.

La segunda sección habla exclusivamente de la mujer, y ya desde el principio la acusa de poseer una inteligencia limitada y una “miopía intelectual” que la lleva a observar con profundidad las cosas cercanas y a ignorar las más lejanas.
 
 
“La fidelidad en el matrimonio es artificial para el hombre y natural en la mujer, y por consiguiente (a causa de sus consecuencias y por ser contrario a la Naturaleza), el adulterio de la mujer es mucho menos perdonable que el del hombre”.
 
 
Realmente este señor me enerva. 

Defiende gratuitamente la moral del hombre y señala que su adulterio es más “perdonable” que el de la mujer, en lugar de, simplemente, decir que es más común. Este tipo de cosas restan seriedad y precisión al discurso de cualquier filósofo, quien debe permanecer siempre objetivo e imparcial en sus razonamientos.  

Le sigo dando oportunidad y llego a la tercera parte:  aquí el  asunto a tratar es la muerte. -creo que es la única parte coherente de su pensamiento inútil – nosotros morimos, la especie, no.

“El óraculo de la Naturaleza se extiende a nosotros. Nuestra vida nuestra muerte no le conmueven y no debieran emocionarnos, porque nosotros también formamos parte de la Naturaleza”.
 
 
Hay,  numerosas incoherencias en  sus argumentos. Como cuando habla de la herencia genética  “solamente el hombre es determinante”. Si el carácter de un hombre siempre está definido por el de su padre, ¿cómo se explica el origen, a lo largo de la historia natural, de semejante defecto como la feminidad en un hombre? Es más, si cada parte de la psique se transmite al hijo sin mezclarse entre sí, ¿cómo se explica la diversidad genética? 
 
Schopenhauer no demuestra, ser un gran “filósofo” (por favor no lo llamen más filosofo), es una desilusión y un fracaso, en mejores y más acertadas palabras un perfecto fiasco.

Claramente Nadie es realmente digno de envidia” mucho menos Arthur Schopenhauer,  le recomendaría las palabras de Dostoievski La mujer, sólo el diablo sabe lo que es; yo no lo sé en absoluto.”

«Cave musicam!» -¡Cuidado con la música!- Relaciones de la Música con la Filosofía

“Pero se dirá, ¿por qué  escoger preferentemente la música? Pues porque de todos los placeres de los sentidos es el que menos corrompe el alma”
Montesquieu – El espíritu de las leyes.
 

Las verdaderas revoluciones  no son las que nos sorprenden por su grandeza y su violencia. Las transformaciones importantes en que se opera realmente un cambio son aquellas realizadas  en las ideas, las concepciones, las creencias, el alma. Los acontecimientos memorables de la historia son siempre los efectos visibles de cambios invisibles en el pensamiento de los hombres.

Y qué manera más sutil, estratega pero dulce, hábil y hasta estoica a la vez que la música. Que consigue que el alma sienta la dulzura, la compasión , la histeria, en ocasiones el llanto y por momentos hasta la pasión, el desborde y el descontrol. Que provoca al conocimiento en unos y  en otros la embriaguez y la seducción.

La música es sin duda la más tangible y  trasmutable de las artes. En lo que se denomina “conciencia primitiva”, la música está muy cerca de lo humano, apenas se diferencia del habla y las acciones (obra o danza), y se rodea de elementos cotidianos, está hecha  por y para reseñar, para convertirse en historias, hitos, anécdotas, en cuerpo y en alma.

Concibe y crea recuerdos, nombres, hechos, evocaciones, memorias y formas.

La presencia de la música es, alegórica, simbólica y generosa.

Se suele explicar a la palabra “mousike” como un derivado del término colectivo para las Musas, las nueve hijas de Zeus y Mnemosyne (memoria), que eran consideradas dadoras de inspiración y patronas de las distintas artes. En ese entonces, la música era considerada como algo valioso y desconfiable a la vez: valioso por su capacidad de despertar, complacer y regular el alma y de producir buenas cualidades en sus oyentes. Pero, a la vez, se desconfiaba de ella por su capacidad de sobre estimular, narcotizar, distraer y llevar a excesos en la conducta.

Los griegos atribuían un elevado valor moral a su música. Ella formaba el carácter. Si era buena, instigaba a los goces de la acción; si era mala, debilitaba la libre voluntad humana cuando no la suprimía incluso. Por esto, la Música desempeñaba poderoso papel en la educación.

Se conoce la historia de que cierta noche estaba Pitágoras contemplando las estrellas. De repente oyó un gran ruido. Observó a ciertos jóvenes que se esforzaban por entrar en la casa de una hermosa artista. Un músico tocaba una melodía en modo frigio, y esto despertó en los jóvenes su lascivia. Pitágoras se acercó al músico y le mandó que tocase una melodía en modo dórico. Al instante, los jóvenes recuperaron el sosiego y se marcharon a sus hogares.

Sin la música la vida sería un error” – y léase con énfasis que Nietzsche no es dado a las glorificaciones-  Sin embargo, lo ha repetido en sus cartas a Peter Gast y a Georg Brandes. Él ha conferido a menudo que “La música es un hechizo”, (Carmen), ella embruja, pero también pervierte y absorbe completamente a sus auditores. «Cave musicam!» -¡Cuidado con la música!– . Así lo entendió Nietzsche. “Todo lo que no se deja aprender a través de las relaciones musicales engendra en mí hastío y naúsea” –Carta a Rhode del 21 de diciembre de 1871-.

Platón, en una parte de su obra “La República”, habla de la educación de los custodios del Estado, los guerreros. Dice que éstos deberán formarse con tres disciplinas: música, para formar el alma, la gimnasia para el cuerpo y filosofía para el carácter “dulce con sus amigos y conocidos“. Para Platón, la música es alimento de la virtud.

Para Aristóteles la música tiene una utilidad: el divertimiento de los hombres libres. Aristóteles ve elementos positivos en la música, los resalta, como cuando dice: “La música contribuye al reposo”. Y se adentra en los efectos de la música, diciendo que “la música da placer… Y la virtud de gozar, amar y odiar rectamente”.

 Curiosamente el “Compendium Musicae” es la primera obra de Descartes. Este tratado es como una obra de juventud; en el está presente el meollo de su vida y sus primeras turbaciones. “Ciertamente, debería tratar a continuación por separado cada movimiento del alma que la Música puede excitar, y debería mostrar por qué grados, consonancias, tiempos y otras cosas semejantes deben ser excitados tales movimientos; pero esto excedería los límites de un compendio

Las leyendas acerca del poder mágico de la música son tan viejas como la misma literatura. Orfeo es capaz de domesticar a las bestias salvajes y desenraizar a los árboles con su lira. Anfión construye las paredes de piedra de Tebas con su canto. Josué destruye los muros de Jericó con soplidos de trompetas y David cura con su arpa la enfermedad mental de Saúl.

Suman y siguen las aseveraciones acerca de la música. Lo cierto es que ha estado presente siempre. No se puede entender por medio de la razón, pero la música es un agente dador de vida, encantos, memorias, euforias y entusiasmos que se dirigen al alma y a la experiencia humana.

Paraguay; tara de memoria

Me indigne con las decisiones de un Congreso que una vez más hace honor a lo que le alcanza  el pienso y el puedo; favores personales, beneficios a los cercanos y el culto a la única aristocracia existente en este país desde su independencia: la aristocracia de los altos cargos públicos.

Ya lo decía el Dr. Ayala en su obra “Migraciones” publicada en 1915: “Para fabricar salchichas en Alemania, se requieren aptitudes especiales; para ser legislador o ministro en el Paraguay, el talento y los conocimientos son superfluos. La preparación, el carácter, la honestidad a veces estorban. Valen más ciertas contorsiones y genuflexiones del cuerpo que veinte años de estudios, que la decencia y la probidad…”

Antes iba a las marchas de protesta, indignada y con el sentimiento real de que mi reclamo podía sumarse al del otro, que podía fortalecerlo mediante el número y la unión de las voces. Hoy entiendo que la única forma de que mi reclamo se una verdaderamente al otro es mediante el voluntariado, el trabajo social y la conducta.

¿Se va perdiendo la fe en el voto?. Sin querer entrar en conjeturas (creyendo que el sufragio es un mero acto de civismo superficial), estas constantes decepciones hacen que vaya tornándose de esa manera.  Al menos en Paraguay; ¡Esta nación con tanta tara de memoria!.

Hacer política en Paraguay es conquistar el voto mediante el ahora; “Confía en mí hermano, que vamos ayudarte con esto” “Opata la vare´a ha la mboriahu.” (acabaremos con el hambre y la pobreza) es ésta la esperanza, y lo que solventa el fin de los problemas personales. Nunca, jamás el bien común de todos.

Carecemos completamente de sentido colectivo, no nos importa el “vamos” el “todos” y el “juntos”. La prioridad , el vituperio y sobre todo el voto, va para quien da más.

Hacer política en Paraguay es la batalla de la viveza, el asedio al conformista y el ofrecimiento únicamente del cambio de bolsillo.

Hacen solo unos pocos meses de unas elecciones que demostraron una vez más la decadencia de la validez del voto. Los de entonces, los de ahora son siempre los mismos, no hay un cambio patente y nunca lo habrá, mientras no cambiemos de esperanza.

En la conquista los escuchan y aprueban,
vituperan sus ideas, elogian sus nombres  y sus lógicas.
Y ¡eh aquellas, allí! inermes en la angustia de no ser reconocidas.
Un son de alerta no los emancipa.
Mas alcanzan el estrado y van siendo perceptibles, tanto que se vuelven vívidas.
Son de carne, amarillas y a veces verdes; los colores de la podredumbre.
Son las mismas, las de entonces;
Mas ahora las ven, las escuchan.
Un toque de queda, dos.
Un son de alerta no los emancipa.

Historias desde pequeño

La lectura enriquece profundamente el alma de un niño. La infancia es el punto de partida para esa carrera sin fin que es la lectura, hace crecer al hijo y lo engrandece. Entonces, ¿Cómo aficionar a un hijo a la lectura?

Reza uno de los numerales del decálogo del buen lector de Antonio Muñoz Molina; “Un buen lector es aquel que empieza a serlo antes de comenzar a leer, con las historias que le cuenta papá o mamá, las que le despiertan la imaginación y la curiosidad por querer saber. Por eso, el buen lector es aquél al que le cuentan historias desde pequeño“.  Lo que nos indica que el hogar es punto de inicio de este hábito como todos los valores y principios del ser humano.

De pequeña disfrutaba tanto escuchar a mi padre leer pausada y minuciosamente los libros que compartía conmigo, valoraba su ritmo quieto y el cuidado que tenia de mi atención. Era una degustación perfecta de palabras con sus cadencias, con sus enérgicas exclamaciones, las que él representaba perfectamente. Cada vez que sentía que había mencionado una palabra que podía ser nueva para mí, detenía la lectura; me indicaba el significado de la palabra, se cercioraba que lo había entendido y luego proseguía su lectura. Esas tardes eran únicas y las recuerdo con cariño y mucha admiración hacia mi padre, que con fe y paciencia me mostró el camino hacia el placer de leer. Así es, porque cuando hay placer hay retención y aprendizaje.

Los niños son fieles imitadores de sus padres y admiran lo que hacen. Acompañar y facilitar la lectura desde los primeros años en casa, es fundamental para crear buenos lectores. Crean vínculos y emociones imborrables.

Lograr lazos entre el niño y la palabra escrita los mantiene despiertos, inquietos, curiosos y atentos de las realidades que descubren por medio de las historias que disfrutan al leer. Un mar de emociones los envuelve conjugando al mismo tiempo entretenimiento y aprendizaje.

Promover en el niño, desde los inicios de su vida relacional, experiencias fantásticas,  aventuras y nuevas emociones por medio de la lectura, no solo les brinda aprendizaje si no que también, los conduce a la vivencia de la independencia, porque la lectura requiere luego un acto en solitario. La misma limitará sus espacios y los ayudará a escoger.

¿Qué dice ahí?

Así empezó mi afición por la lectura, con ésta pregunta que de una manera encantadora mis padres respondían  una y otra vez. En cada salida, apenas alcanzaba a ver las avenidas llenas de carteles los abrumaba con mi ¿Qué dice ahí?. Recuerdo que luego las preguntas ya la hacían ellos indicándome los carteles que había repasado en ocasiones anteriores. Era una práctica que disfrutaba muchísimo y fue mi primera elección de lectura. !Sí, los carteles publicitarios!

Todos iniciamos nuestro camino en la lectura con una recomendación, la experiencia de leer un libro cuyo interés nació de la propia selección y que además culmine en una lectura exitosa y placentera resulta en una gran sensación de libertad. Como cuando te dan tu primera bici, y te dicen ¡anda!

Luego el hábito se va forjando solo y las lecturas se convierten en aventuras propias, en decisiones personales. Ayudando a tu pequeño a desarrollar sus propios gustos y a descubrir sus talentos.

Motiva a tus chicos a leer, a gozar de las palabras y de las historias. Disfruten juntos de esos momentos que permanecerán presentes por siempre.

 

Lagunas

Esa mañana el sonido exorbitante de las manifestaciones callejeras había interrumpido súbitamente mi sueño. La ciudad había despertado antes y mi descanso también. Me alisté a la tarea diaria de escribir, con el afán de pegar el teclado sin piedad, hasta su completa desaparición. Clavar mis dedos en sus vértices negros con grafías hasta que la pantalla no tuviese píxeles suficientes para demostrar pensamientos en palabras. – Que la inspiración te encuentre trabajando – me decía. “Se escribe con las palabras no con los sentimientos” – recordaba – frágil, arcana y distante, nada servía.  Llevaba una hora clavada a mi escritorio, intentando servirme de las razones de mi mente, que se sentía impedida como un corcho en la botella.

Afanada.

Nada más frustrante para un escritor que encontrarse con el vacío de la nada. Con las lagunas de su mente abstracta. ¡Que abstracta! vacía.

Completamente airada por esa falta de ideas me rendí al desorden escuchando el sonido de las bocinas de los buses y al caos urbano con sus gritos y reclamos, los minutos se hacían eternos y el estrés lo sentía en la piel que irritada se ponía caliente y roja. Fue entonces cuando exhausta me levante y desafiando a los matices del desorden, observé el panorama urbano. Me asomé a la ventana como otros días, el alboroto hacia visible el sonido.

Allí estaba el sol, ardiendo como el espíritu de esas calles airadas. Me concentre en sus escalas, en sus texturas. Buscando la inspiración que ese día me ladeaba olvidé el cielo quieto, el bullicio parecía más prometedor. Las almas aceleradas corrían de esquina a esquina confusas, buscando ¡quién sabe qué cosa!. Me colgué en esa urbanidad que también me embaucó.

No salían las palabras y mi archivo no pasaba de la misma hoja en Word.

Recordaba mis frases de esos días en que las ideas eran como la lluvia ligera; pequeñas, pero constantes. Cuando decía  “aquél escritor que dice que sus escritos no revelan sus experiencias y realidades miente; todo lo que narramos es el resultado de nuestras apreciaciones, de nuestras vivencias, de nuestro consumismo.” Estos recuerdos acrecentaban la congoja, ¡qué vida más pobre la mía! ni mis conquistas, ni desventuras valían, ni siquiera mis lecturas podían con la profunda y calma laguna que se había formado en mi mente. Mi realidad estaba frente a la hoja en blanco del  archivo en la laptop, mi desesperanza. Nada podía lidiar con ella, más que la misma calma de sembrar la paciencia.

¡Era eso! el bullicio, el caos urbano y sus acalorados rostros me lo decían a gritos. “Busca la paciencia que ves ausente en esos rostros, en esas esquinas”.

¿Sembrar la paciencia en medio de la urbanidad? ¡Qué misión más embarazosa!

Entonces pensé; ¿encontré la inspiración en la paciencia? – No para escribir sobre ella y sobre todo lo que se puede escribir en el mundo primero se debe tener una vivencia -. Esa vivencia de la paciencia aún debo gozar.

Esa mañana distinguí cuantos cambios debía bajar.

No había lagunas sino un mar de carencias.

Literatura Renegada

La literatura de nuestro tiempo ¿ha renegado de la razón? ¿Son sus ficciones puras descripciones de movimientos corporales, de sentimientos y emociones, sosteniendo la descabellada percepción de que sus personajes no piensan y solo obedecen a las leyes de la lógica?.

La literatura no es solo un pasatiempo ni una evasión, si no una forma, – quizá la más profunda-  de examinar y conocer la condición humana. ¿Es entonces la literatura actual el simple reflejo de nuestra realidad?.

Pero, si originalidad es lo que pedimos, el tiempo que empleamos en buscarla es perdido, no existe,  la originalidad absoluta esta ausente en la literatura, como en el arte y como en la vida. Todo se construye en base a lo anterior, en base a lo conocido y degustado. Faulkner proviene de Joyce, de Huxley, de Balzac, de Dostoievsky.

Toda herencia cultural es enriquecida por los herederos del genio,  tal como Borges; “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”.

Es platónica la idea de una literatura pura, es más hasta un fracaso sería. ¿Quién es aquél que no espera encontrar en las lineas de un libro las referencias de una obra de mayor profundidad y esmero?. Ningún creador realmente grande se ha detenido en la búsqueda de ese pretencioso purismo. Como en todo universo determinista nada es realmente nuevo y “todo esta escrito” como diría alguno de esos textos musulmanes que con razón gusta de citar Borges.

 El verdadero lector es aquel que no concibe la idea de leer un material que no lo lleve a una lectura mas compleja y un escritor es además asiduo lector, apasionado investigador y prisionero del fantasma de la intriga.

No es entonces la causa de nuestra “literatura renegada” una consecuencia de nuestra realidad, no es el producto de nuestra vida reflejada como un libro que alguien lo lee, si no la ausencia pura y lamentable de la referencia y del recurso. Obras como “Brida” o “Comer, rezar y amar” son entonces,  el simple resultado del acervo cultural de sus autores.

Hay en la actualidad escritores para los cuales no tiene sentido la literatura sin una revolución de la palabra, no se concibe una creación magistral, cuando lo primordial de una obra es que ésta sea entendida para ser valorada, sin acercarse al simplismo, pero manteniendo la complejidad en el pensamiento, en las ideas y no así en el tecnicismo de la forma.

La buena literatura ha hecho eso muy a menudo;  acercarnos a la búsqueda de un pensamiento mas profundo y los buenos autores son los que se acercan a esa complejidad.

“Nos toca a los críticos mediar para que esas nuevas literaturas hagan su peregrinaje”, cada gran novela supone grandes lectores. No tendremos hoy obras trascendentales y de referencia, mientras prevalezcan autores como lectores mezquinos,  incapaces de entusiasmo, búsqueda y asombro.

 

 

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