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elmenjunje

Haciendo un guiño a todo.

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Emociones

Pobres batracios

Escucho a una amiga quejarse tanto de su vida sentimental, esperando tantas cosas que quizás yo, solo las aceptaría y esperaría en mi interior que alguna vez cambien o mejoren. Y de repente como una epifanía salen las palabras como bofetadas del tiempo. Se unen las lecturas, se recuerdan algunos textos y se derraman las palabras en mi hoja de word.

Pobres batracios.

Los hombres son simples de muchas maneras pero creo que la manera más simple que tienen es la forma de mirarnos. No nos inventan demasiado, nosotras en cambio padecemos del maldito síndrome de la redención.  Incluso cuando la realidad nos muestra de diversas maneras lo contrario, nosotras creemos con fe en el género, que podemos cambiar con la varita mágica de nuestro cariño las ausencias o debilidades del otro.

Los hombres no nos inventan tanto, porque probablemente no tienen esa necesidad. Decía una autora que no recuerdo ahora, que “por siglos se nos ha permitido a las mujeres apasionarnos solo con el amor, sin embargo los hombres pueden apasionarse con muchas otras cosas” El futbol por ejemplo.

Queda bien aquí también una frase genial de un cómico francés llamado Arthur que dice “El problema de las parejas es que las mujeres se casan pensando que ellos van a cambiar y los hombres se casan pensando en que ellas no van cambiar”.

Los cuentos para niños ya han graficado esto con tantísima antelación:

Nos pasamos la vida besando sapos esperando que se conviertan en príncipes. Pero los sapos son sapos no pueden trasmutar en nada. ¡Es tan injusto exigir a un pobre batracio convertirse en algo que no puede!. De manera que cuando pasa el tiempo, vemos que nuestro hombre sigue siendo hombre y no superhombre o quizás siendo un poco más objetivos, supersapo (?). Es entonces cuando nos llenamos de frustración y nuestros grandes ojos que antes eran focos con forma de corazón se convierten en grandes reflectores como esos que se usan en las salas de acusación policiacas.

Creo que es eso lo que los hombres temen, que cambiemos, que se nos llene de aspereza la mirada y por eso nos prefieren así, como somos y no nos reinventan tanto.

Un batracio es un batracio. Máximo puede alcanzar a ser Superbatracio pero hasta ahí llega la naturaleza evolutiva.

Al final todo es cuestión de genética.

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Cosa juzgada.

El estudio del derecho me trajo muchas explicaciones, muchos conceptos, pero jamás pensé que me daría una explicativa cátedra sobre algunos procesos internos, en clase de derecho procesal.

Decía el maestro: “el hombre que vive en soledad sólo vive, mas el que vive en sociedad convive“. Y ahí es cuando  recuerdo mi falta de entendimiento.

Cuando uno convive con el otro, empiezan los conflictos de pretensión” la pretensión de querer someter la voluntad del otro a nuestro propio arbitrio, cuando uno solo quiere vivir y el otro por el contrario pretende convivir; días, semanas o llegar a fin de mes todos los meses.

Hablaba más tarde del  “principio de preclusión de los actos procesales” que  establece que determinados actos deben corresponder necesariamente a determinados momentos, fuera de los cuales no pueden ser efectuados y de ejecutarse carecen totalmente de eficacia.

Y así  analizo completamente fuera de tiempo, mis apetencias de vivencias que se llenan con sobrevivencias.

Me vienen a la mente controversias y cuestionamientos como; si se pudiera plegar o estirar al tiempo según nuestros rigores, hacerlo, des-hacerlo, materializarlo, extinguirlo. Volverlo a la memoria o arrastrarlo al olvido, la crema de la intelectualidad.

Pero no, los tiempos de eficacia de la queja son tan reducidos que cuanto más uno se demore en lanzar el reclamo menos importante es para el otro responder o aclarar, hasta el punto de conformarnos con el simple deseo de cumplir del otro, sin ninguna posibilidad de que podamos exigir otra conducta.

Cómo es que es tan claro a la razón mas tan obscuro al entendimiento.  Me ordeno y me desordeno y me encuentro con esos procesos internos que son materia fuera de estudio, que su análisis ya esta precluso, extinto, juzgado y mi reclamo aunque nunca ausente, se percibe completamente perdido y obsoleto.

Con la cabeza casi calva por causa de las dudas, me queda pretender el compromiso de recibir  respuestas, pero  acabo pretendiendo apagar mis procesos internos como se apaga la colilla de un cigarrillo; que solo tiene un instante de dolor, que arde y tan pronto como uno lo permita se consume y acaba olvidado, tirado en los paseos centrales, en los ceniceros colectivos o en las macetas frontales de los locales comerciales, hasta que se lo lleva el pasar y se pierde o se esconde de la vista de todos.

Continúo con el análisis y finalmente entiendo que me queda una única pretensión. Que venga algún barrendero y se lleve a todas las colillas, o venga algún otro y las junte, se las haga llegar o las venda en el mercado negro.

apagar colillas

 

“Que lo que tanto…”

Son las 7 de la mañana del 24 de diciembre del 2013, la casa esta desordenada y vacía. Me levanto, tomo las carpetas del día y voy al trabajo. El calor de diciembre es húmedo, los espíritus están alborotados y se embisten unos a otros.

!Que embole trabajar en navidad! todo me molesta, el calor, los biblioratos que debo cargar, la caminata, el alboroto de la gente, el tráfico. Mi mente se encuentra perdida entre las nostalgias de lazos mal escogidos y las decepciones del día y de la vida. Pero, sin embargo continuo movida por el piloto automático “salvatore” del existencialismo barato  que reza el “que lo que tanto...”

Cuando por fin las tareas se acaban y puedo sentirme libre de las grillas laborales, otros grilletes toman la guardia y me encierran en las nostalgias. Subo al bus, liada entre carpetas, tacones y otros cacharros de la feminidad y voy rumbo a la misma casa desordenada y vacía que deje en la mañana.

El calor se acrecienta y el bus se llena; de gente, de olores, de circunstancias. Iba absorta en ese bus que estaba repleto de cajas de sidra, verduras, abundancia y espíritu navideño, todo eso hacía que me convierta en un grinch más.

Mas así es cuando de repente, sube una señora que apenas se movía, (supe después que se llamaba Julia),  también llevaba carpetas, bolsones y cacharros, pero se veía que el peso de todo eso era mayor. Iba envuelta en una tela que hacia de vestido y  a la vez de manta, la cabeza estaba ataviada en un trapo que se veía muy caliente para un día como hoy.

Empezó a hablar y llena de ese mal humor que me invadió desde el amanecer, supuse que era una más que subía y lucraba de la lástima de la gente.

“Queridos pasajeros, disculpen la molestia, soy una mujer sola y enferma de cáncer…” fue todo lo que pudo decir y se desplomo al piso. Las telas que llevaba encima se abrieron, dejando ver en su cuello un parche enorme que llegaba hasta sus hombros, sudaba, tosía, su cara estaba hinchada y roja. Sin embargo en medio de toda esa fragilidad, y del grito desesperado de su cuerpo, luchaba – no sé como- con la poca fuerza de voluntad que le quedaba para pedir algunas monedas. 

Por su parte el público permanecía indiferente y lleno de ese “que lo que tanto...” anterior, obsoleto ante el clamor de Julia, todos miraban curiosos pero nadie se levanto para ayudarla, salvo por Don Evaristo, un señor que lucía solo un poco menos pobre que ella pero que nos enseño toda la riqueza que llevaba.

Apenas Julia intenta moverse y levantarse como puede, Don Evaristo se levanta de su sitio y cruza  las muchas cajas de sidra y bolsones abarrotados de provistas que llenaban el pasillo de la linea 41, llego hasta ella en medio de todo eso y de la obscenidad de la gente. La tomó de los brazos con las fuerzas de un anciano cercano a los 70 años, la ayudo a levantarse, le dio un poco de agua que llevaba en un termo que se veía con casi los mismos años que él y le sugirió que se lavara la cara.

Julia se recupera, y busca las monedas de ese público desabrido, mientras Don Evaristo dice en el guaraní más dulce y claro que escuche jamás:

“Nde kuñakarai, nda nde añoi hina, anike nire pensa umia… koa juventudkuera ndopenaiba nderehe la imboriahuveva”.

(Señora, no estas sola, no pienses eso, estos jóvenes de acá, que te ignoran son los que no tienen nada).

Fue mi lección del día.

Asunción; pasé a mirar nomas.­

Tanto hace desde que no iba  solamente a caminar, sin ningún afán por el centro de Asunción a – mirar nomas– sus calles finitas y su gente apresurada.  Voy sola, camino despacio con mi bolsita de pororos y mi botella de coca.

Palma esta llena, al tope. Hacía tiempo desde que no me topaba con los desfiles estudiantiles de polleras cortas, bastones uniformados y banderas tricolores en ese son de nacionalismo extremo y patriotismo exacerbado.  Las señoritas pintarrajeadas, unas de rulos y otras de riguroso liso mientras las madres, tías y abuelas, ahí nomas sacando fotos y gritando hurras, invadidas de orgullo.

Voy caminando y recuerdo a papá extrañando esos días de sábados  de matiné  en que Palma se llenaba de vida, de juventud, de piropos y besos – anda sabé –  que hacía papá cuando entonces, no cuenta mucho, sigue hablando pero se reserva los detalles de su juventud de jolgorio. Es linda Asunción, nunca fue una ciudad de calma. Cuando caminar por Palma era hacerlo en comunidad, griterío y bullicio;   palmear  le decían. Papá me habla de los   sábados de matinés y los picnics, sobre todo uno en el que conoció a mamá allá por los 80 o antes quiza – llevan tantos años juntos -. “Tenía un vestido celeste y no caminaba todo solo porque no tenía alas, era muy purita tu mamá” dice mientras se toca la barbilla, dibuja una media sonrisa en la cara y relata con humor el día en que la conoció – casi lo puedo ver -.

Cruzo las plazas y me habla con cariño y nostalgia de esas épocas en que se bailaba “en una sola baldosa” y en que en las fiestas pasaban sin excepción alguna una “una pieza lenta” para el deleite y provecho de los muchachos.

Que linda la Asunción que me cuenta papá,  “Era otra cosa mi hija” – me dice -.

La delicada pero trémula Asunción de algarabías que hoy repaso mientras voy vadeando el microcentro; paso por Palma, cruzo El Lido y sigo hasta 15 de mayo. Todas mis memorias van cruzándose al mismo ritmo de mí caminar.

Alcanzo Montevideo y bajo hasta el río, y  allí frente a la bahía de Asunción el viento me levanta la pollera.

Como dice Lia… “Cosas nomas”

Suelo leer el blog de Lía Colombino “Tororé” y cada tanto me encuentro con bellos esbozos de literatura; nueva, fresca, linda… A veces es la literatura de siempre, la que muchos conocemos, leemos y releemos y otras son  bellos compendios de palabras desconocidas, ocultas y a la espera de ser descubiertas.

Así, ella va contando episodios y recopilando anécdotas. Las clasifica en una categoría que llama “cosas nomas”  – simple pero en el ojo –  reviste esas historias con memorias de poemas, fragmentos, canciones o simples citas.

Me gusta mucho el blog de Lia, no quiero plagiar sus ideas, – ni su forma de llegar al alma de la gente – pero hoy también, así como a ella le pasa, tengo una de esas “cosas nomas” para compartir.

Es un fragmento de “La Tregua” de Mario Benedetti, que justito cuando me sentía más divergente con el día y obstinada con el tiempo cayo a resolver mi antipatía con un pintoresco toque de gustoso humor.

Ahi va:

Sábado 6 de abril
 
Sueño descabellado  . Yo venia de atravesar en pijama el parque de Los Aliados. De pronto en la vereda de una casa lujosa de dos plantas, vi que estaba Avellaneda. Me acerqué sin vacilar. Ella tenia puesto un vestidito liso, sin adornos y sin cinturón  directamente sobre la carne. Estaba sentada en un banquito de cocina, junto a un eucaliptus y pelaba papas. De pronto tuve conciencia de que ya era de noche y me acerqué y le dije “Que rico olor a campo”.  Al parecer mi argumento fue decisivo, porque inmediatamente me dediqué a poseerla, sin que mediase resistencia alguna de su parte. Esta mañana, cuando apareció Avellaneda con un vestidito liso, sin adornos y sin cinturón, no pude aguantarme y le dije: “Que rico olor a campo”. Me miró con autentico pánico, exactamente como se mira a un loco  o a un borracho. Para peor de males traté de de explicarle que estaba hablando solo. No la convencí, y al mediodía, cuando se fue, todavía me vigilaba con cierta prevención. Una prueba más de que es posible ser más convincente en los sueños que en la realidad.
 
Mario Benedetti. La Tregua.
 
   
 
 

Dedicado a mi Padre.

Dedicado a mi padre quien sembró mis valores, llevando esa labranza contra el viento, enderezando el crecimiento como un paracleto. Dirigió sus enseñanzas mostrándome el mundo al que debería amar; el de la virtud de creer en la fe y en la fuerza de la unidad.

 
A Cesar Rubén Romero, por el día del padre.
 
No me olvides en los claros, cuando el sol 
te tome la nuca.

Cuando sientas el viento pasar sin obstáculos
y escuches a su paso susurrar un silbido al oído.

Cuando sientas el cansancio de los años  y la nostalgia de tiempo.

Así cuando el cielo se obscurezca y la lejanía te conmueva; 
por favor, no me olvides.

Porque todos a veces vienen, a veces van;
pero yo no voy a ninguna parte.

En la intensidad de tus certezas me siento siempre invadida, 
encuentras en la constancia la respuesta a todas mis dudas.

Mientras duerma sin que nada me turbe; 
por favor, no me olvides.

Cilia Romero

Un poco de poesía para el alma

Ciertamente el género poético, no llamaba mucho a mi inspiración hasta que me atreví a intentarlo.

¿Para qué escribir poesía? Argüía y claro está ; las letras lo llevan a uno a pasear y transitar por todos los géneros cuando se practica poseer uno de los talentos más longevos, escribir.

Tomo prestada las posibles respuestas que el escritor uruguayo Eduardo Espina dejó pronunciadas al respecto en su conferencia sobre la poesía y sus fundamentos.

“La poesía es un pensar para existir, un modo de reflexión que ocupa una doble existencia; la del ser que escribe y la de la escritura. Se escribe poesía porque hay alguien que tiene algo que decir, o se siente solo y sale de su solipsismo en la libertad vigilada de las palabras, porque un hombre se enamora y una mujer quizá lo espera y espera un lenguaje transformado, y se escribe poesía por nostalgia, tristeza o felicidad, sin que los estados de ánimos coincidan y terminen reflejándose con claridad en la página, lugar idóneo para aplicar a la existencia imperfecta un deseo imaginado”

Hoy, invadida de esa “libertad vigilada de las palabras”, me lanzo al ingenio y a la aventura de hacer poesía.

Campos de Afrenta

¿Qué es la poesía para el alma?
Cálido sosiego de las pasiones encontradas.
En las lineas de mis versos recojo el alivio,
cuando la ausencia colma las noches trémulas. 
                                        ***
El atino de mis versos a la agonía, a la desazón, a la herida
expulsan del alma el calor de la llaga,
aplaca, atempera, suaviza, mitiga.
esconde el oprobio, allana de melancolía.
                                         ***
En los campos de afrenta encuentro frescura,
la pena ya no alcanza, ¡cantemos a la alegría!
 

Con que rapidez olvidamos y con qué rapidez nos refrescan la memoria.

 

Siguiendo con los Fragmentos he aquí uno más;

El ruido exorbitante de los buses me despertó esa mañana, había olvidado una vez más cerrar las cortinas de la habitación y el sol me tomaba toda la cara. Estaba completamente abstraída, seguía la rutina del día con la simple motivación del deber, sin intenciones de llegar a excelencia alguna, claramente todos notaban mi  obvio desencanto a la vida con mi look desaliñado y mi ánimo perdido.

Había sobrevivido a mi primera noche, pero en mi mente permanecía la inminente realidad de que el día traería consigo a la noche que debía enfrentar sola. Nada más terrorífico podía superar a la idea de  llegar a la casa y encontrarla vacía.

El día transcurría en medio de la desesperación de ver las horas pasar y sentir a la noche cada vez más cercana. Había extendido el día lo máximo posible, el atardecer del que todos los días disfrutaba hoy debía evitarlo, ¡cuán doloroso sería ver el cielo apagarse y encontrarme así con lo inevitable!.

Mi cerebro se puso en estado de alerta oía las voces histéricas a mi alrededor y empecé a funcionar en automático, los días transcurrían uno tras otros con la misma señal de apatía y frustración; extender el día, alcanzar la noche, acostarme finalmente vestida de oficina, incapaz de moverme y cerrar los ojos hasta sin saber cómo despertar con el sol en la cara una vez más.

Cautivada por esa sonrisa, la adquirí como mía de tanto admirarla. Aquí estás te siento, presente en mi angustia, te veo porque conozco cada detalle de todo lo que eres, tus gestos, el tono de tu voz y tu alma, pero la bienvenida está llena de ausencia nada alcanza para olvidar. Aun así se me hace difícil odiarte;

La persona que amamos va tener el poder de consolarnos cuando estemos tristes, de reanimarnos cuando estemos debilitados, de trazarnos el camino de la vida, de ayudarnos. No lo tiene de ningún modo, no piensa tenerlo, pero eso no importa. Le concedemos el personaje. Eso es lo que constituye el amor.  Aun así, y lo dijo –Maeterlinck – No hay ser en el mundo que no mejore algo en su alma desde que ama a otro ser, y los que no cesan de amar no continúan amando sino porque no cesan de hacerse mejores.

¿Quién duda que estemos en este mundo perverso solo para amar? El amor es nuestra búsqueda primera, desde que nacemos y durante nuestro crecimiento desarrollamos la medida del entendimiento que nos hace diferenciar y amar lo bello aun cuando nadie nos ha dicho en qué consiste lo bello, lo juzgamos y lo amamos de por sí. Y una vez que amamos como dice – Plotino – no cesamos de desear el bien, porque el amor es la actitud del alma cuando desea el bien.

Estaba sumida en mis reflexiones cuando, de repente suena el teléfono,  fue como un golpe en la espalda que me hizo perder el equilibrio.

– Hola, ¿como estas? –

¡Cuanto había costado! Con que rapidez olvidamos y con que rapidez nos refrescan la memoria.

Había comprendido muy bien lo que significaba, no sabia sin embargo si responder o no. Transcurrieron unos 45 minutos, y aun no tenia la respuesta, era imposible responder que estaba bien pero tampoco podía hacerle saber cuan difícil había sido. Cuanta razón tenia Esopo al citar que “nuestro carácter nos hace meternos en problemas, pero es nuestro orgullo el que nos mantiene en ellos” Rabia, orgullo, emoción, cuantas pasiones encontradas.

¡Cuantas preguntas! Quizás solo merezcas mi silencio, o al menos es eso lo que puedo darte.

Sin querer el dolor me había forjado, dicen que haz cambiado cuando los tratas de la manera que en realidad merecen.

¿Para que lloras, si eso de nada sirve?

Este es uno de esos proyectos que de acuerdo a las emociones de uno van sumando páginas. Porque de eso estamos hechos quienes amamos escribir; de emociones, de historias y personajes,  que nos hacen más amenos y aveces con suerte hasta interesantes.  He aquí un adelanto de una de las cartas que son parte de una historia que espero poder concluirla pronto.

Comentarios y sugerencias serán recibidos con agradecimiento. Ahí se los dejo.

¿Para que lloras, si eso de nada sirve? – Fragmento –

El calor de los días de verano nos traía irritados, los disgustos eran cada vez más constantes y la alegría pareciera que nos evitara.

Para ese entonces los días de incertidumbre ya sumaban meses, era necesario trabajar en ello, practicar la charla una y otra vez, traer a la memoria los momentos de angustia, rabia e impotencia y buscar encontrar el momento de sacarlo de mí.

Ansiosa e incapaz de mirarte, entendí que estaba frente a la oportunidad que esperaba. Habíamos pasado el día  entero juntos, y después de mucho tiempo las cosas se veían mejor. Había ensayado el discurso unas veinte veces y las ideas estaban firmes pero mi miedo me hacía temblar. Para ese momento no cabía vacilar,  era el día la oportunidad estaba allí a mi alcance así que con toda la dignidad que fui capaz de reunir dije algo así como; (O al menos esa fue la idea)

Entiendo que no me quieras, y que mis esfuerzos por tocar tu alma, no los puedas apreciar porque no los identificas o simplemente porque no te nace, o tal vez porque no llegan a tu alma. Lo que no entiendo y no acepto es que no hayas considerado como una opción deshacerte de mí a sabiendas de que yo no podía hacerlo por mí misma, por lo importante que eras para mí en ese momento. Quien ama perdona y olvida y mis errores no justifican tus reclamos eternos. Es por eso que no puedo continuar con quien no tiene conmigo la misma reverencia.

En ese momento, era consciente de que lo más probable era que lo aceptes, pero muy en el fondo… un atisbo de esperanza aun brillaba en mis ojos. Anhelaba con las fuerzas de mi interior que me dieras un beso y me acompañes el resto de mis días.

Me escuchaste, bajaste la cabeza, tomaste algunas cosas.. recuerdo el beso también. Mientras tanto el sonido del silencio lleno la sala.

Después de unos minutos entendí el mensaje, entonces te levantaste me dejaste un beso y la puerta se cerró.

Me siento aturdida, todo lo cercano a mí se siente distinto me encuentro tan sola y todo fue tan rápido ¿Por qué tu camino se hace tan lejano al mío de repente? tan poco hace que lo recorríamos juntos y tus sueños eran los míos, tu esfuerzo también era el mío.

Cuando pensaba que lo había logrado,  cuando el saberte aquí conmigo era saber que estabas a lado mío y presente; ya no solo en mi anhelo, en mis deseos si no presente. Justo cuando me sentía más segura en tus brazos, llego esa caricia que me araña.

“Como hacerte saber que el sexo forma parte de la vida y que la vida parte del sexo”  rezaba el poema de Mario Benedetti – lo repetía una y otra vez- en medio de mis aflicciones. Que ganas de salir corriendo de este lugar, encontrarte y fundirme en amor. ¿Fundirme en amor? El amor nace de dos personas que se consagran una a la otra. Tú te fundirías en mi sexo y yo querría creer que es esa tu forma de amarme.  – ¿Sera necesario de hoy en más amar solo un poco y cierta parte? –

Cae la noche  y de nuevo me siento exhausta, disimular la pena frente a todos los demás es tarea difícil, el apego al escritorio nuevamente me delata. Dormir se hace también difícil y el cansancio de las noches de almohadas mojadas se acrecienta. Me haces falta, acostumbrada ya a cocinar para dos, la rutina no quiere despegarse de mí y tengo problemas para volver a mis porciones solitarias.

Mis noches te buscan y mi cama es inmensa.

La cama esta llena de rencores, aun así de lo que no tengo quiero darte, mi sonrisa. Que irónico es el amor que se alimenta del odio y de la indiferencia, que en medio de la aflicción se hace más fuerte.

Tu soberanía en mi cuerpo sigue firme, no se ha ido contigo. Verte a diario,  necesitarte y tener que sufrirlo me ha hecho sentir más fuerte.  El amor trae consigo esas ideas de incondicionalidad y de esperanza que no se apagan de un día al otro. Sin entender que esperar, lo sigo haciendo.

En lapsus de inestabilidad y quebrada, mi mente recrea el día y una y otra vez suenan los reclamos en mi mente; ¿No sientes irte así? Dejándome herida con el veneno de tu alma. ¡Qué bien me haría escucharte decir que lo sientes! Que lamentas el haberme hecho sonreír solo para hacerme  creer poco a poco más en ti, ¡cuánto bien harías! al permitirme escucharte decir que necesitas mi perdón. No creería entonces como ahora que me enamore de un cuerpo sin alma y mis lágrimas ya no serian lágrimas de decepción.

Pero todas estas son solo evocaciones de un cuerpo desesperado por reencontrarte y un alma desorientada. ¿Cómo entender que algo no es lo mejor para el mañana cuando en el ahora lo es todo? Es frustrante saber la forma y aun así no poder remediarlo.

Un pedante que vio a Solón llorar la muerte de un hijo, le dijo: «¿Para qué lloras así, si eso de nada sirve?» Y el sabio le respondió: «Por eso precisamente, porque no sirve.»

Que bondadoso el creador al regalarnos el llanto, con el que en medio de nuestra desesperación y angustia nos devuelve la calma, agotados de tanto sollozar.

Y a los sonidos de esta noche se suman mis sollozos, que buscan con clemencia llegar al cansancio una noche más.

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