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Haciendo un guiño a todo.

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Cuentos

Ganadores del Primer Certamen Literario de cuentos cortos “Contame un cuento”

En primer lugar gracias a todos los participantes por compartir con nosotros sus hermosos cuentos. Así también a los miembros del jurado y todos aquellos que formaron parte de la organización del Primer Certamen de Cuentos Cortos “Contame un Cuento”.

A continuación, los ganadores de los primeros puestos y menciones especiales.

Ganadores de Certamen Literario de cuentos cortos

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Primer Certamen literario de cuentos cortos “Contame un cuento”

invitacion certamen literario Esta vez, con el fin de escuchar las voces de los niños,  con el apoyo del Centro Cultural de la República Cabildo y  de Cactus Games abrimos este espacio para conocer sus ideas, experiencias y aventuras que a través de la escritura verán la luz.

Los cuentos abren al niño un amplio abanico de posibilidades que en su pequeña experiencia cotidiana posiblemente no hubiera imaginado,  por su variedad de temas, situaciones, ambiente y personajes.

Por ello animamos a todos los niños y niñas de 8 a 12 años a participar nuestro Primer Certamen Literario de Cuentos Cortos “Contame un cuento”, escribiendos sus propios cuentos y contando sus propias historias.

Desde el 10 de enero y hasta el 13 de febrero estará abierto el plazo de presentación de los trabajos, que deberán ser inéditos y con una extensión máxima de cuatro carillas.

Con el fin de facilitar todo el proceso de recopilación de trabajos, distribución de copias a los miembros del jurado, etc., la entrega de trabajos será exclusivamente por correo electrónico enviándolos a la dirección contameuncuento.py@gmail.com (con la indicación en el título del mensaje: “Para el Certamen Literario” y el pseudónimo del participante).

Se concederán 3 premios Primer puesto: Reconocimiento, Lote de libros de la serie Bicentenario y Gift card de Cactus Games por valor de Gs. 100.000. Segundo puesto: Reconocimiento, Lote de libros de la serie Bicentenario, Gift card de Cactus Games por valor de Gs. 75.000. Tercer puesto: Reconocimiento, Lote de juegos de la serie Bicentenario, y Gift card de Cactus Games por valor de Gs. 50.000.

El jurado podrá conceder uno o varios “reconocimientos” para premiar la calidad y originalidad de otros trabajos dignos de mención.

Los trabajos serán evaluados por un jurado compuesto por Patricia Camp y Melissa Ballasch; jóvenes escritoras con numerosas premiaciones literarias a nivel nacional.

Las bases y condiciones del concurso pueden consultarse en la página de Facebook: Contame un cuento.

“Que lo que tanto…”

Son las 7 de la mañana del 24 de diciembre del 2013, la casa esta desordenada y vacía. Me levanto, tomo las carpetas del día y voy al trabajo. El calor de diciembre es húmedo, los espíritus están alborotados y se embisten unos a otros.

!Que embole trabajar en navidad! todo me molesta, el calor, los biblioratos que debo cargar, la caminata, el alboroto de la gente, el tráfico. Mi mente se encuentra perdida entre las nostalgias de lazos mal escogidos y las decepciones del día y de la vida. Pero, sin embargo continuo movida por el piloto automático “salvatore” del existencialismo barato  que reza el “que lo que tanto...”

Cuando por fin las tareas se acaban y puedo sentirme libre de las grillas laborales, otros grilletes toman la guardia y me encierran en las nostalgias. Subo al bus, liada entre carpetas, tacones y otros cacharros de la feminidad y voy rumbo a la misma casa desordenada y vacía que deje en la mañana.

El calor se acrecienta y el bus se llena; de gente, de olores, de circunstancias. Iba absorta en ese bus que estaba repleto de cajas de sidra, verduras, abundancia y espíritu navideño, todo eso hacía que me convierta en un grinch más.

Mas así es cuando de repente, sube una señora que apenas se movía, (supe después que se llamaba Julia),  también llevaba carpetas, bolsones y cacharros, pero se veía que el peso de todo eso era mayor. Iba envuelta en una tela que hacia de vestido y  a la vez de manta, la cabeza estaba ataviada en un trapo que se veía muy caliente para un día como hoy.

Empezó a hablar y llena de ese mal humor que me invadió desde el amanecer, supuse que era una más que subía y lucraba de la lástima de la gente.

“Queridos pasajeros, disculpen la molestia, soy una mujer sola y enferma de cáncer…” fue todo lo que pudo decir y se desplomo al piso. Las telas que llevaba encima se abrieron, dejando ver en su cuello un parche enorme que llegaba hasta sus hombros, sudaba, tosía, su cara estaba hinchada y roja. Sin embargo en medio de toda esa fragilidad, y del grito desesperado de su cuerpo, luchaba – no sé como- con la poca fuerza de voluntad que le quedaba para pedir algunas monedas. 

Por su parte el público permanecía indiferente y lleno de ese “que lo que tanto...” anterior, obsoleto ante el clamor de Julia, todos miraban curiosos pero nadie se levanto para ayudarla, salvo por Don Evaristo, un señor que lucía solo un poco menos pobre que ella pero que nos enseño toda la riqueza que llevaba.

Apenas Julia intenta moverse y levantarse como puede, Don Evaristo se levanta de su sitio y cruza  las muchas cajas de sidra y bolsones abarrotados de provistas que llenaban el pasillo de la linea 41, llego hasta ella en medio de todo eso y de la obscenidad de la gente. La tomó de los brazos con las fuerzas de un anciano cercano a los 70 años, la ayudo a levantarse, le dio un poco de agua que llevaba en un termo que se veía con casi los mismos años que él y le sugirió que se lavara la cara.

Julia se recupera, y busca las monedas de ese público desabrido, mientras Don Evaristo dice en el guaraní más dulce y claro que escuche jamás:

“Nde kuñakarai, nda nde añoi hina, anike nire pensa umia… koa juventudkuera ndopenaiba nderehe la imboriahuveva”.

(Señora, no estas sola, no pienses eso, estos jóvenes de acá, que te ignoran son los que no tienen nada).

Fue mi lección del día.

Carta abierta a mis compañeros de “Contame un cuento”

Amigos,

Quiero empezar diciendo que  me siento mimada;  por Dios, por mi familia y por el poderoso equipo de cuenta-cuentos y amigos que sin pedir nada a cambio y simplemente disfrutando, acompañaron a  lo largo de este año el desarrollo y crecimiento de Contame un Cuento como organización voluntaria.

Creo que no hay una satisfacción más grande que la se siente cuando se vive el reconocimiento sin buscarlo. Cuando el dar sin recibir nada a cambio se hace patente con el agradecimiento de la gente, con la sonrisas y con las esperanzas renovadas, es lo que vivimos en cada contada, con cada niño feliz que sale corriendo con su librito del “Escuadrón ecológico” y con su imaginación volando.

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Recuerdo que cuando empezamos a contar, un 25 de noviembre de 2012, en las instalaciones de El Lector, eramos Denisse y yo, acompañadas con un grupo de amigas que nos ayudaban decorando, asistiendo, unos tomando fotos, otros  haciendo lo que estaba al alcance. Habíamos convertido mi departamento en una guardería, llena de papel chifon, globos, barquitos y caramelos noches enteras. Hoy somos un grupo conformado, sólido y estable, pero sobre todas estas cosas, somos amigos  que compartimos la misma alegría exacerbada al ver disfrutar de la lectura de los cuentos a niños y niñas por primera vez.

Yo sé que fueron  muchas las veces en que nos sentimos solos, en que sentimos que el esfuerzo y la carga de vernos impedidos de llegar a muchos lugares en donde la carencia de la palabra se veía reflejada en muchos niños sin acceso si quiera a un cuaderno de 20 hojas, todo esto nos sacaba llagas de frustración, como todas esas veces que intentamos llevar nuestros cuentos al Hogar San Pablo y no se pudo dar, o cuando los niños trabajadores de Palma nos contaban que tenían que irse y dejar de escuchar nuestros cuentos porque había que seguir trabajando, recuerdo también aquella vez en que nos enteramos de las carencias en las que estudiaban los niños y niñas de la escuelita de Coronel Oviedo, que se dio a conocer por los medios.

Pero la perseverancia y la fe en la gente y en la misión jamás nos hizo perder la visión.

Realmente creo que Paraguay es un país carente de muchas cosas; salud pública, educación calificada, nutrición infantil promedio, en fin los numerales serían demasiados, quizás a veces hasta la memoria nos falta o simplemente la perdemos, olvidando fácilmente los abusos de quienes gozan de la cosa pública dando oportunidad tras oportunidad a quienes defraudan nuestras esperanzas y entorpecen el camino hacia el crecimiento y el desarrollo nacional. Pero seremos carentes de todo,  pero  menos del afecto, calidez y solidaridad. Somos una nación que cree que el dar no es sinónimo de regalías. Creemos en la gente porque nuestra fe permanece intacta en que alguna vez tendremos un lugar mejor en el cual compartir la abundancia y la bendición.

Un lugar mejor, bendecido y abundante que se construye dando, contando, ayudando, recordando, viviendo. Todos verbos en presente y que ustedes, equipo lo van construyendo DANDO, CONTANDO, AYUDANDO, RECORDANDO Y VIVIENDO desde hace un año.

A cada uno de ustedes les digo, de manera personalísima !Gracias por escoger HACER en presente, por ayudar a los niños de tu país que tanto necesitan sonreír y vivir no solo del mundo mágico de los cuentos sino de la simpleza de ver extendida su inocencia. Por ayudarles a creer que todo lo que se imaginan puede ser logrado.

Recuerden y vivan practicando el presente, porque es el único tiempo que trae resultados, es él ahora el que activa el motor para el mañana.

Denisse, Fernanda, Maura, Marcelo y Nico: !gracias por perseverar!!! (Alguna vez seremos tantos que no podremos recordar tantos nombres) los resultados ya son patentes ahora y no vamos a parar! No vamos a parar!

Un abrazo cuenteril,

Los quiero mucho

Cilia.

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Los cuentos de Ricardo

Hace tiempo que no publico nada, pero cuando me enteré que un compañero de universidad de la carrera de Derecho, obtuvo el tercer puesto en un concurso de cuentos cortos  y pude más tarde leer sus cuentos, supe que debía compartir con ustedes los cuentos de Ricardo.

Ricardo Loup,  además de dedicarse a las letras es abogado, compartimos esta afición que mezcla los asuntos litigiosos con las palabras – aunque por separado – desde épocas en que compartíamos la misma casa de estudios.

“Abundancia” es  la palabra que surge después de leer los cuentos de Ricardo; la palabra abundancia proviene del latín abundantia y se refiere a una gran cantidad  de algo. Así, el término puede ser usado como sinónimo de prosperidad, riqueza o bienestar y es eso lo que Ricardo ofrece con sus cuentos;  tiempos precisos,  buen manejo del suspenso y mucha calidad de palabras.

Su prosa es sonora, llena de ritmos.

El cuento ganador del Tercer Puesto en el Concurso de Cuentos Breves  “Doctor Jorge Ritter” fue La Flecha Guaraní, pero además de este cuento agrego otros cuentos ineditos (que luego Ricardo me confió) para que se deleiten y conozcan nuestra  joven literatura guaraní.

Salud!

Cuentos:

La Flecha Guaraní

Denuncia policial

La carrera (2)

Kurupi fue

Numerales

Mario Benedetti una vez escribió:

Hasta ahora mis novelas habían nacido sin introito, pero ocurre que no estoy seguro de que este libro, sea una novela propiamente dicha, (o propiamente escrita). Mas bien lo veo como un sistema o colección de andamios. El Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española Madrid, 1992), incluye entre otras la siguiente definición  “Armazón de tablones o vigas, puestos horizontalmente y sostenidos en pies derechos o puentes, o de otra manera, que sirve para colocarse encima de ella y trabajar en la construcción o reparación de edificios, pintar paredes o techos, subir o bajar estatuas, u otras cosas etc. U. t. en sentido fig.” (me gustó sobre todo eso de las estatuas).

Andamios (1996) – Andamio Preliminar.

En este sentido, y siguiendo con el concepto de Benedetti y además en el afán de no perder la necesidad de escribir, me empeñe en seguir esta práctica, escribiendo lo que venga en gana, y que seguramente alguna vez servirá para construir puentes, construir edificios, pintar paredes o simplemente bajar estatuas en algún cuento, relato o si me alcanza la luz, un libro.

Son como andamios quizá, o al menos esa era la idea. No hay esfuerzo aquí solo hay disfrute así que si no engalana el texto, no es el texto es quién lo escribe y tal vez cómo lo escribe.

Los llamo numerales, solo porque tienen que tener algún nombre.

Ahí va.

 I

Raramente  encuentro lo que busco. Cuando pienso en algún outfit termino siempre escogiendo algún vestido o camisa que sorprendentemente había vuelto a aparecer.

El único orden existente es el de zapatos de un lado, carteras del otro y en medio del caos una mezcla de estaciones, estilos y colores. Un embrollo de lanas, algodones, sedas y licras. El perchero es un amplio pasillo intensamente amontonado, cargado de sacos, abrigos, vestidos de fiesta y tantas bufandas.  Las perchas han perdido la forma normal y común que tienen las perchas por el acelerado afán de colgar y colgar. Una butaca apoya la causa cuando el montículo de trapos deja caer contenido con los apuros; todo lo que cae al piso termina en la butaca en un intento frustrado de organización. Alguna vez lo arreglare hoy voy tarde.

II

El morbo en la mente, la saliva en el pubis, el sexo en las horas. Ella grita mientras las vecinas despiertan y responden a los sonidos airados con la malicia queda de sus abstinencias. Siempre que puede grita y a él  le encanta que lo haga, ciñe la frente mientras la penetra y ella  lo toma de las piernas para que se ajuste y quede. La fuerza se incrementa a medida que goza, el olor a sexo, los pelos en la sabana, los mulos que se tensan mientras las caderas se tocan en un vaivén intenso y rítmico. Todo lo observa porque no cierra los ojos cuando goza, no apaga las luces para enloquecer,  vive el morbo en su mente a través de sus ojos cuando se ajusta y queda.

Dos seres desordenados y tibios que se tocan en el cine gozando del miedo a que los vean. Las piernas que se abren dando libertad, las cabezas reposando relajadas con cada manoseo, con la intensidad y el ritmo sin cadencias. No importa que los miren, el egoísmo del placer los ha envuelto en el gozo.

No comprenden mucho su arrebato. El juego de las manos se le ha vuelto un vicio malquerido pero vívido.

III

Tratado de la envidia: esa minoría feliz que se queda en casa a escuchar la lluvia envueltos en un edredón gordo y con olor a suavizante de “lavanda” o de “aromas del bosque” haciendo cucharita en un perfecto día de los enamorados. Y esa exorbitante cantidad de individuos mojándose hasta pegarse la camisa al cuerpo, saliendo temprano, batallando colgados de un bus de camino al trabajo que es una mierda. Empapado en los charcos y raudales que los micros cruzan sin discriminar tacones ni faldas. Caminando histéricos, sintiéndose feos, tristes y como un pororó mojado.

IV

El arbusto verde pálido se movía con el viento a través de la ventana de vidrio en cuadrillé. La cortina de persianas blancas y fijas estaba entreabierta,  pero no me dejaba ver mucho. Sólo alcanzaba avizorar  -por momentos-  una pared blanca con hierbas y un candelabro de hierro forjado con aspecto antiguo, pero con un  foco de bajo consumo con forma de espiral bastante actual.

Tenía las manos atadas a una silla de escritorio, intentaba mover las cortinas con la cabeza con acierto frustrante. El arbusto que se dejaba ver a través del vidrio ubicado estratégicamente de modo a limitar mi visión, pareciera que sentía mi insistencia y se resistía al viento sin dejarme ver más allá de él por largos instantes. Una ancha y fuerte cinta de embalaje industrial rodeaba mi cabeza por la boca y las orejas, y apenas me dejaba respirar. El único sonido de auxilio que podía hacer era el que yo pensaba que se generaba por los constantes golpes de mi cabeza contra el vidrio. El claustro de mi entorno se afanaba en cerrar mi mente y mis pensamientos, apretaba el rostro contra la ventana hasta que me goteara la cara y se me amarronara el aspecto.

Hasta que la brisa del arbusto llegó a mi cara, el olor a verde de las hierbas de la pared que apenas se dejaba ver me alcanzó. Escuchaba los sonidos de la gente hablando en la calle, las bocinas de los autos de histéricos conductores, el perro del vecino que ladraba sin parar con ladridos fuertes, constantes y vigilantes.

Un sonido metálico como un portazo seco, le sigue el sonido como de una sartén de aluminio rasgando el piso, sueltan la olla con una sustancia oscura gelatinosa y algunas galletas. Ingresa un hombre de macizo aspecto, se ve rudo y sucio, saca las cintas de mi rostro, me toma por cuello y me hunde la cara en el plato que olía a carne vieja, oxidada y a embutidos fermentados. Intento mirar al hombre a la cara, él nota mi intención y quién sabe por qué, lo permite. Su rostro era grande, su expresión muy reservada; era un rostro ausente de barba, de mirada plana y vacía de misericordias. Su dureza hizo que apartara de él mi inspección.

Mirando al piso, cansado y casi sin voz creo gritarle:

—Aunque sea un desconocido él que lo diga, bien debe saberlo: ¡es usted un miserable!

El hombre me toma de nuevo y ésta vez me sujeta con más fuerza, levanta mi cuerpo tomándolo desde el cuello de la camisa y con la boca a la altura de mis orejas, casi rozándolas con sus labios que eran anchos y secos me dice:

—Todos moriremos alguna vez; sin embargo debemos hacer algo bueno o malvado para no dejar de existir.

 V

El olor a sexo, a desorden, las  sabanas arrugadas, maltrechas, pérdidas. Las cortinas que se movían con el viento que entraba por la ventana y dejaba ver por unos instantes la pasión a hurtadillas. Las luces estaban encendidas porque le gustaba verme. Observar mis gestos, mi rostro que es de esos que cuenta, que muestra.

Con esa pasión que solo puedes sentir cuando sabes que en cualquier momento se escapará lo besaba, miraba sus brazos, su hombro su piernas gruesas y grandes que me rodeaban haciéndome sentir pequeña. Cada noche como la última, como el último orgasmo, el último grito y la última noche dormida a plena luz.

Cuento; Así era Jenny

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Así era Jenny, paraguaya a dónde vaya, de edad variable con frecuencia veinteañera, y, en ocasiones, cuarentona; considerando el tiempo que lleva dormida, treinta y siete años. Obediente de las siestas siempre que puede duerme; en el bus, en el baño, en la oficina, en el baño de la oficina.  Solo la despierta el hambre; ni las bocinas ni los gatos ni los sonidos raros de la habitación de su compañera de piso. Tanto duerme que hasta creen que actualmente se encuentra practicando la habilidad de dormir parada mientras aguarda en fila ser atendida por los cajeros del banco.  Dicen que no sueña muy a menudo, sólo duerme pero que cuando lo hace, todos saben que ha pasado.

Habla en sueños, grita, camina, y termina despertando en lugares extraños. Saben incluso de una vez que, sonámbula, bajó las escaleras del edificio con las sábanas puestas en la cabeza a modo de velo y un vaso de agua que lo llevaba como si fuera un ramo. Al llegar al piso de entrada, tomó al portero del brazo y con la boca a la altura de sus orejas le gritaba insistente; ¡dime que sí, dime que sí! y otras palabras que nadie alcanzó a entender. El portero, horrorizado por la escena, quedó tieso detrás del mueble de la portería del edificio, mientras Jenny gritaba y apretaba con fuerza el vaso que hacía de ramo. Luego de unos minutos de gritos de “dime que sí” y palabras sin sentido, Jenny terminó saliendo de la portería corriendo y resultó que luego despertó en el ascensor de servicio.

La gente habla mucho cada vez que ella entra en ese tipo de trance, dicen que no sueña por eso, que procura no soñar por sus hábitos nocturnos. Eso le había costado la soltería a los treinta y siete; tuvo muchos hombres pero ninguno que perdure más de un mes en su cama. Todos huían, después de que sus escenas de sonámbula, aparecieran. Al principio era algo gracioso, pero a medida que se repetía encontraban a ello tétrico, y corrían despavoridos.

Hasta que un día se enamoró de Marcelo, un chico raro al que le gustaba combinar sabores extraños como aderezar una empanada de jamón y queso con dulce de guayaba, o tomar mate con miel. Marcelo fue el que tuvo más aguante; era mucho más joven que Jenny:  veintiocho años, y era un chico condescendiente; después del sexo siempre dormía como un tronco. Eso era bueno (¿???).

Jenny llevaba semanas ansiosa por no enfrentarse a su peculiar forma de soñar; duchas calientes, leche tibia con canela y  cansancio eran sus estrategias para no hacerlo. Marcelo aún no había sido testigo de ninguna noche rara.

Había llovido, a cantaros. Los conductos cloacales de Asunción – inexistentes – hacían rebozar de raudales la ciudad; las calles empeoraban con las basuras que tiraban los vecinos, de los barrios de calles arriba, al paso de las aguas. Jenny no pudo salir, tuvo que ausentarse al trabajo y terminar el día ociosa. No pudiendo completar su cuota de cansancio estaba preocupada y ansiosa, sabía que era el día al que debía enfrentarse a Marcelo, … mas dormida, sonámbula.

Se tomó dos vasos de leche tibia con dos porciones de pizca de canela, por si acaso surta un mayor efecto y tomó dos jarras de agua para que las ganas de hacer pis la despierten antes de entrar en sueño.

Se cambio de ropa y entro a la cama con miedo. Apenas su cabeza  apoyaba en la almohada sus párpados respondían al instinto de dormir, profundamente. Parecía que Jenny dormía en negro; la noche se presentaba serena, salvo por los gritos de un callejero que siempre gritaba por las noches, con un acento raro entre americano y portugués:

—“Brasil, o maior do mundo” una y otra vez, mientras se alejaba.

Jenny se levanta, va a la cocina y llena su termo de mate con agua, lleva también una guampa. Va a la cama y destapa el pie desnudo de Marcelo conversa; tenés que lavarte el pie, no se aguanta más!; así no se puede dormir! … Y ceba un mate. Le pasa al pie. Marcelo da una vuelta y la guampa que estaba apoyada a su pie, cae y lo moja. Levanta la cabeza de golpe y despierta viendo a Jenny sentada con el termo conversando, pero dirigiéndose a sus pies. La conversación era indescifrable, mas la escena no puede ser más simpática. Estalla en risa, ríe y ríe hasta más no dar. Ver a Jenny mateando con sus pies era demasiado cómico cómo para juzgar su sonambulismo.

Ninguno de ellos habla de la escena de los pies y el mate. Pero la higiene en los pies de Marcelo mejora notablemente.

Desde entonces, antes de ir a la cama, Jenny toma dos vasos de leche tibia con dos pizcas de canela, porque funciona, y acompaña a su técnica dos jarritas de agua para levantarse a hacer pis antes de entrar en sueños.

Cuento; Sobre Andamios y Tortugas.

– Olor a arena mojada, a viento sur.

– !Más lo siento yo, que tengo la tierra en las narices! . Es triste la vida de una tortuga,  te llevas todo a cuestas y siempre tan lentamente. El tiempo no colabora con uno y todo pesa, ¡sobre todo con este andamio! soldado al caparazón.  Viejo, pero útil. Lo herede de mi padre, Don Beto  – que en paz, descanse – un viejo obstinado con el trabajo pesado, sufría terribles  e interminables dolores a causa de la lumbalgia.

Había dedicado su vida a erigir monolitos de Piedra, hasta que un día se quebró el caparazón al caerse encima la nariz aguileña del busto de Nerón, “El Gran Libertador de las Tortugas” tuvo una muerte dolorosa pero digna.

Cuentan que fue tan fuerte el golpe, que al caer el pedazo de roca modelada encima, el sonido de la coraza quebrada hizo un eco en todo el bosque, las hojas se movían súbitamente y las guayabas, mangos y apepues  caían todas de golpe. La nariz rodaba, todos miraban absortos como sin detener su paso se perdía al alcanzar el río.

Yo sin embargo, he dado a éste andamio una vida más liviana. Los monolitos hace tiempo que dejaron de ser un buen negocio. Ésto de la Democracia casi deja sin ingresos a los constructores. Los Dictadores en cambio, eran más considerados. Daban más trabajo, construíamos por lo menos dos o tres bustos al mes y con eso alcanzaba hasta para el dulce de membrillo rojo. Era entonces cuando todavía seguía los pasos de mi padre. Pero luego el negocio fue menguando tanto que tuve que abandonar el oficio de mis ancestros.

Una pena.

Fue entonces cuando conocí a Lolo una culebra un poco desnutrida que amaba la salsa y siempre vestía de verde y otros colores tan brillantes. Evitaba mirarlo mucho porque encandilaba.

Me sugirió el negocio de los grafitis, era un tanto arriesgado sobre todo porque ni siquiera sabía que significaba eso, pero cuando me mostró su primera obra en piedra me convenció por completo. Era un cartel gigante en medio de una catarata de mariposas de todos los tamaños en todos los colores brillantes que pudieras conocer, de colores  tan estridentes y verde mucho verde con la frase “Queremos más soberbia; !que vuelvan los monolitos!” en letras gordas.

Así que ofrecí mi andamio y emprendimos el negocio.

Empezamos con pocos clientes, jóvenes pubertos muchos de ellos hijos de las familias mejores posicionadas de la arboleda. Recuerdo un día en que debíamos pintar la cueva de osos. Greco, el menor de la familia pidió que en su cueva sea pintada un gran río de color salmón que desembocara en una isla con forma de lengua.

Fue el trabajo más asqueroso, y sucio que tuve que realizar jamás. ¡Imaginate! ¡con el mal aliento de ese oso inspeccionando su lengua durante horas! pintamos cada llaga, cada aspereza. La quería exactamente igual a la suya.

Valió la pena sacrificar el olfato aquélla vez, luego de ése trabajo nos especializamos en decoración de interiores, muchas cuevas, otros tantos hormigueros, un nido y algunos panales.

Para mi alivio no tuvimos que volver a inspeccionar lenguas.

Cuento; Sobre la curiosidad

Dicen que los cuentos tienen dos partes o mejor dicho pasan por dos etapas; la primera es la volcánica  en donde la inspiración surge y no puedes parar de relatar y la segunda es la del análisis en donde no solo te pones a leer y releer lo escrito si no te permites analizarlo y como en una cirugía  sacar lo malo o  lo que está demás. En fin, hoy con un grupo de compañeros del taller de escritura, realizamos este ejercicio. “Operar a nuestros escritos”  y he aquí el resultado del ejercicio.

Espero tu análisis también!

Saludos!

Cilia

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Cuento – Sobre la Curiosidad

Había intentado todo, desde asomarme a la ventana que daba la cara al jardín pero a unos dos metros del piso montada en ese árbol del vecino, que  los vientos de agosto movían las ramas como un columpio. Hasta el truco del vaso que era toda una gran invención en mis tiempos de chiquilla. ¡Nada funcionaba! no comprendía lo que adentro ocurría.

Cargada de las sospechas que esa puerta maciza me limitaba observar, pero que al mismo tiempo me invitaba a insistir, entendí que sólo me quedaba una opción, la diminuta cerradura que ofrecía un pequeño espacio del cual nutrir las sospechas. Así que, afanada a la causa y con la persistencia de una pequeña me agache y puse el ojo en la ranura. Apenas mis ojos se asomaron a esa fría cerradura, de un salto y con la cabeza para atrás los saque de vuelta. ¡Cuanto desorden! de solo pensar que eso era sólo un poco de lo que atrás había, mi curiosidad crecía. ¿Qué pudo haber pasado? ¡Cuantas cosas tiradas, eso más que una habitación, se acercaba a un campo de minas, pero reventadas y todas de un solo golpe!.

De repente otra vez ese sonido, como una lluvia de aluminio cayendo. ¡Pobre Denisse! su habitación es un caos, hasta donde alcancé ver, de las almohadas sólo queda el relleno de guatas esparcido  ¡y hasta quien sabe donde! y las cortinas, ¡espero que esas roturas no sean tan grandes!. Además del fuerte olor a pis que acaparó la sala.. a pis… a pis? ¡un momento! ¿Dónde está Ursula? ¡Que Rabia! tengo que abandonar la misión y buscar a esa escurridiza, antes que se escape de nuevo y tenga angustiados a todos.

Voy por toda la casa llamándola, pero es inútil la muy arruinada alcanzó a escapar, seguro vendrá en unas semanas después de coquetear  con toda la vecindad de gatos ¡que perra! Mmm… pensándolo bien;  ¡ojalá tuviera yo alguna vez su misma suerte!.

Vuelvo a la puerta, la curiosidad es más fuerte que la preocupación por esa mala gata, insisto en abrir la puerta pensando en que mis esfuerzos pueden hacer de llave maestra, y para mi sorpresa la puerta se abre, ¡sólo estaba trabada!  y ante mis ojos una confusión de objetos llenos de pis de dos días y la responsable, dormida a patas sueltas.

Era Ursula, !Que gata!

 

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