Escucho a una amiga quejarse tanto de su vida sentimental, esperando tantas cosas que quizás yo, solo las aceptaría y esperaría en mi interior que alguna vez cambien o mejoren. Y de repente como una epifanía salen las palabras como bofetadas del tiempo. Se unen las lecturas, se recuerdan algunos textos y se derraman las palabras en mi hoja de word.

Pobres batracios.

Los hombres son simples de muchas maneras pero creo que la manera más simple que tienen es la forma de mirarnos. No nos inventan demasiado, nosotras en cambio padecemos del maldito síndrome de la redención.  Incluso cuando la realidad nos muestra de diversas maneras lo contrario, nosotras creemos con fe en el género, que podemos cambiar con la varita mágica de nuestro cariño las ausencias o debilidades del otro.

Los hombres no nos inventan tanto, porque probablemente no tienen esa necesidad. Decía una autora que no recuerdo ahora, que “por siglos se nos ha permitido a las mujeres apasionarnos solo con el amor, sin embargo los hombres pueden apasionarse con muchas otras cosas” El futbol por ejemplo.

Queda bien aquí también una frase genial de un cómico francés llamado Arthur que dice “El problema de las parejas es que las mujeres se casan pensando que ellos van a cambiar y los hombres se casan pensando en que ellas no van cambiar”.

Los cuentos para niños ya han graficado esto con tantísima antelación:

Nos pasamos la vida besando sapos esperando que se conviertan en príncipes. Pero los sapos son sapos no pueden trasmutar en nada. ¡Es tan injusto exigir a un pobre batracio convertirse en algo que no puede!. De manera que cuando pasa el tiempo, vemos que nuestro hombre sigue siendo hombre y no superhombre o quizás siendo un poco más objetivos, supersapo (?). Es entonces cuando nos llenamos de frustración y nuestros grandes ojos que antes eran focos con forma de corazón se convierten en grandes reflectores como esos que se usan en las salas de acusación policiacas.

Creo que es eso lo que los hombres temen, que cambiemos, que se nos llene de aspereza la mirada y por eso nos prefieren así, como somos y no nos reinventan tanto.

Un batracio es un batracio. Máximo puede alcanzar a ser Superbatracio pero hasta ahí llega la naturaleza evolutiva.

Al final todo es cuestión de genética.

Anuncios