No se puede vivir sin aire.
Sin alma.
Con el estómago vacío.
Con el terror en la garganta,
La mirada rasgada.
Con el quebranto de un niño.

A medida que voy volando bajo, la tierra sube a mi cara como pedradas de pecado para levantar la cara y volar màs alto.

Es el retorno de un día de muchas verdades que explotaron como una fruta madura, las emociones del vientre me tomaban de la cintura generando espasmos. Cuando en algún punto del retorno sube a mi bus un niño.

Mi garganta se lleno de espanto.

-¡Comprame mi coca! Por favor me salio un pus en el ojo, comprenme mi coca!

Trae consigo a lo sumo 7 años y a lo sumo también 3 cocas. Camina en medio de un pasillo lleno de indiferencia. Llega hasta mí .

-¿papi què te pasa? Comprame mi coca ya me quiero ir.
-Dame las tres y llevalas y vendelas de nuevo!

Y desde unos ojos llenos de pus el grito volvio a salir:

¡Ya me quiero ir!

Y las  botellas de coca cayeron en mis regazos.

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