Suelo leer el blog de Lía Colombino “Tororé” y cada tanto me encuentro con bellos esbozos de literatura; nueva, fresca, linda… A veces es la literatura de siempre, la que muchos conocemos, leemos y releemos y otras son  bellos compendios de palabras desconocidas, ocultas y a la espera de ser descubiertas.

Así, ella va contando episodios y recopilando anécdotas. Las clasifica en una categoría que llama “cosas nomas”  – simple pero en el ojo –  reviste esas historias con memorias de poemas, fragmentos, canciones o simples citas.

Me gusta mucho el blog de Lia, no quiero plagiar sus ideas, – ni su forma de llegar al alma de la gente – pero hoy también, así como a ella le pasa, tengo una de esas “cosas nomas” para compartir.

Es un fragmento de “La Tregua” de Mario Benedetti, que justito cuando me sentía más divergente con el día y obstinada con el tiempo cayo a resolver mi antipatía con un pintoresco toque de gustoso humor.

Ahi va:

Sábado 6 de abril
 
Sueño descabellado  . Yo venia de atravesar en pijama el parque de Los Aliados. De pronto en la vereda de una casa lujosa de dos plantas, vi que estaba Avellaneda. Me acerqué sin vacilar. Ella tenia puesto un vestidito liso, sin adornos y sin cinturón  directamente sobre la carne. Estaba sentada en un banquito de cocina, junto a un eucaliptus y pelaba papas. De pronto tuve conciencia de que ya era de noche y me acerqué y le dije “Que rico olor a campo”.  Al parecer mi argumento fue decisivo, porque inmediatamente me dediqué a poseerla, sin que mediase resistencia alguna de su parte. Esta mañana, cuando apareció Avellaneda con un vestidito liso, sin adornos y sin cinturón, no pude aguantarme y le dije: “Que rico olor a campo”. Me miró con autentico pánico, exactamente como se mira a un loco  o a un borracho. Para peor de males traté de de explicarle que estaba hablando solo. No la convencí, y al mediodía, cuando se fue, todavía me vigilaba con cierta prevención. Una prueba más de que es posible ser más convincente en los sueños que en la realidad.
 
Mario Benedetti. La Tregua.
 
   
 
 
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