La literatura de nuestro tiempo ¿ha renegado de la razón? ¿Son sus ficciones puras descripciones de movimientos corporales, de sentimientos y emociones, sosteniendo la descabellada percepción de que sus personajes no piensan y solo obedecen a las leyes de la lógica?.

La literatura no es solo un pasatiempo ni una evasión, si no una forma, – quizá la más profunda-  de examinar y conocer la condición humana. ¿Es entonces la literatura actual el simple reflejo de nuestra realidad?.

Pero, si originalidad es lo que pedimos, el tiempo que empleamos en buscarla es perdido, no existe,  la originalidad absoluta esta ausente en la literatura, como en el arte y como en la vida. Todo se construye en base a lo anterior, en base a lo conocido y degustado. Faulkner proviene de Joyce, de Huxley, de Balzac, de Dostoievsky.

Toda herencia cultural es enriquecida por los herederos del genio,  tal como Borges; “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”.

Es platónica la idea de una literatura pura, es más hasta un fracaso sería. ¿Quién es aquél que no espera encontrar en las lineas de un libro las referencias de una obra de mayor profundidad y esmero?. Ningún creador realmente grande se ha detenido en la búsqueda de ese pretencioso purismo. Como en todo universo determinista nada es realmente nuevo y “todo esta escrito” como diría alguno de esos textos musulmanes que con razón gusta de citar Borges.

 El verdadero lector es aquel que no concibe la idea de leer un material que no lo lleve a una lectura mas compleja y un escritor es además asiduo lector, apasionado investigador y prisionero del fantasma de la intriga.

No es entonces la causa de nuestra “literatura renegada” una consecuencia de nuestra realidad, no es el producto de nuestra vida reflejada como un libro que alguien lo lee, si no la ausencia pura y lamentable de la referencia y del recurso. Obras como “Brida” o “Comer, rezar y amar” son entonces,  el simple resultado del acervo cultural de sus autores.

Hay en la actualidad escritores para los cuales no tiene sentido la literatura sin una revolución de la palabra, no se concibe una creación magistral, cuando lo primordial de una obra es que ésta sea entendida para ser valorada, sin acercarse al simplismo, pero manteniendo la complejidad en el pensamiento, en las ideas y no así en el tecnicismo de la forma.

La buena literatura ha hecho eso muy a menudo;  acercarnos a la búsqueda de un pensamiento mas profundo y los buenos autores son los que se acercan a esa complejidad.

“Nos toca a los críticos mediar para que esas nuevas literaturas hagan su peregrinaje”, cada gran novela supone grandes lectores. No tendremos hoy obras trascendentales y de referencia, mientras prevalezcan autores como lectores mezquinos,  incapaces de entusiasmo, búsqueda y asombro.

 

 

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