Este es uno de esos proyectos que de acuerdo a las emociones de uno van sumando páginas. Porque de eso estamos hechos quienes amamos escribir; de emociones, de historias y personajes,  que nos hacen más amenos y aveces con suerte hasta interesantes.  He aquí un adelanto de una de las cartas que son parte de una historia que espero poder concluirla pronto.

Comentarios y sugerencias serán recibidos con agradecimiento. Ahí se los dejo.

¿Para que lloras, si eso de nada sirve? – Fragmento –

El calor de los días de verano nos traía irritados, los disgustos eran cada vez más constantes y la alegría pareciera que nos evitara.

Para ese entonces los días de incertidumbre ya sumaban meses, era necesario trabajar en ello, practicar la charla una y otra vez, traer a la memoria los momentos de angustia, rabia e impotencia y buscar encontrar el momento de sacarlo de mí.

Ansiosa e incapaz de mirarte, entendí que estaba frente a la oportunidad que esperaba. Habíamos pasado el día  entero juntos, y después de mucho tiempo las cosas se veían mejor. Había ensayado el discurso unas veinte veces y las ideas estaban firmes pero mi miedo me hacía temblar. Para ese momento no cabía vacilar,  era el día la oportunidad estaba allí a mi alcance así que con toda la dignidad que fui capaz de reunir dije algo así como; (O al menos esa fue la idea)

Entiendo que no me quieras, y que mis esfuerzos por tocar tu alma, no los puedas apreciar porque no los identificas o simplemente porque no te nace, o tal vez porque no llegan a tu alma. Lo que no entiendo y no acepto es que no hayas considerado como una opción deshacerte de mí a sabiendas de que yo no podía hacerlo por mí misma, por lo importante que eras para mí en ese momento. Quien ama perdona y olvida y mis errores no justifican tus reclamos eternos. Es por eso que no puedo continuar con quien no tiene conmigo la misma reverencia.

En ese momento, era consciente de que lo más probable era que lo aceptes, pero muy en el fondo… un atisbo de esperanza aun brillaba en mis ojos. Anhelaba con las fuerzas de mi interior que me dieras un beso y me acompañes el resto de mis días.

Me escuchaste, bajaste la cabeza, tomaste algunas cosas.. recuerdo el beso también. Mientras tanto el sonido del silencio lleno la sala.

Después de unos minutos entendí el mensaje, entonces te levantaste me dejaste un beso y la puerta se cerró.

Me siento aturdida, todo lo cercano a mí se siente distinto me encuentro tan sola y todo fue tan rápido ¿Por qué tu camino se hace tan lejano al mío de repente? tan poco hace que lo recorríamos juntos y tus sueños eran los míos, tu esfuerzo también era el mío.

Cuando pensaba que lo había logrado,  cuando el saberte aquí conmigo era saber que estabas a lado mío y presente; ya no solo en mi anhelo, en mis deseos si no presente. Justo cuando me sentía más segura en tus brazos, llego esa caricia que me araña.

“Como hacerte saber que el sexo forma parte de la vida y que la vida parte del sexo”  rezaba el poema de Mario Benedetti – lo repetía una y otra vez- en medio de mis aflicciones. Que ganas de salir corriendo de este lugar, encontrarte y fundirme en amor. ¿Fundirme en amor? El amor nace de dos personas que se consagran una a la otra. Tú te fundirías en mi sexo y yo querría creer que es esa tu forma de amarme.  – ¿Sera necesario de hoy en más amar solo un poco y cierta parte? –

Cae la noche  y de nuevo me siento exhausta, disimular la pena frente a todos los demás es tarea difícil, el apego al escritorio nuevamente me delata. Dormir se hace también difícil y el cansancio de las noches de almohadas mojadas se acrecienta. Me haces falta, acostumbrada ya a cocinar para dos, la rutina no quiere despegarse de mí y tengo problemas para volver a mis porciones solitarias.

Mis noches te buscan y mi cama es inmensa.

La cama esta llena de rencores, aun así de lo que no tengo quiero darte, mi sonrisa. Que irónico es el amor que se alimenta del odio y de la indiferencia, que en medio de la aflicción se hace más fuerte.

Tu soberanía en mi cuerpo sigue firme, no se ha ido contigo. Verte a diario,  necesitarte y tener que sufrirlo me ha hecho sentir más fuerte.  El amor trae consigo esas ideas de incondicionalidad y de esperanza que no se apagan de un día al otro. Sin entender que esperar, lo sigo haciendo.

En lapsus de inestabilidad y quebrada, mi mente recrea el día y una y otra vez suenan los reclamos en mi mente; ¿No sientes irte así? Dejándome herida con el veneno de tu alma. ¡Qué bien me haría escucharte decir que lo sientes! Que lamentas el haberme hecho sonreír solo para hacerme  creer poco a poco más en ti, ¡cuánto bien harías! al permitirme escucharte decir que necesitas mi perdón. No creería entonces como ahora que me enamore de un cuerpo sin alma y mis lágrimas ya no serian lágrimas de decepción.

Pero todas estas son solo evocaciones de un cuerpo desesperado por reencontrarte y un alma desorientada. ¿Cómo entender que algo no es lo mejor para el mañana cuando en el ahora lo es todo? Es frustrante saber la forma y aun así no poder remediarlo.

Un pedante que vio a Solón llorar la muerte de un hijo, le dijo: «¿Para qué lloras así, si eso de nada sirve?» Y el sabio le respondió: «Por eso precisamente, porque no sirve.»

Que bondadoso el creador al regalarnos el llanto, con el que en medio de nuestra desesperación y angustia nos devuelve la calma, agotados de tanto sollozar.

Y a los sonidos de esta noche se suman mis sollozos, que buscan con clemencia llegar al cansancio una noche más.

Anuncios