La energía que desplego el Paraguay cuando la guerra  despertó admiración en los contemporaneos, hizo  algun ruido en el mundo y ha dado y da todavia bastante que decir. Que energía hubo y extraordinaria que nadie niega – en ello estan conformes amigos y enemigos, actores y testigos. La discrepancia empieza en averiguar sus causas.

Alguien no pudiendo explicarse el “ningún miedo” de nuestro soldado a la muerte, dijo, alguna vez, que el paraguayo “era insensible al dolor” porque era salvaje. Parece que, efectivamente, el hombre de civilización refinada es más sensible que el hombre salvaje. Pero, “el paraguayo no era salvaje, simplemente su espíritu guerrero era superior al del enemigo ” nos cuenta Don Manuel Dominguez en su obra “El alma de la raza”.

El Ministro norteamericano Washburn sorprendido por este “inconmensurable valor” hizo que se le oiga decir que “La razón porqué los paraguayos pelean de un modo desesperado, es que hay siempre mas peligro en retroceder que en marchar adelante. Atrás pone Lopez regimientos, que han de fusilar a los cobardes y con esta estrategia  hacen héroes. No es un secreto el valor paraguayo –decía-, es simplemente un miedo al tirano”. Al manifestar todo esto, entiendo que efectivamente debió haber sido un valor indescriptible, soberano y auténtico el del soldado paraguayo, para evocar en ilustres, enemigos y amigos inspiración, quebrantos y criticas. Ese valor definitivamente era patente, existía y por eso hablaban de él.

El Paraguay fue colonizado por la más alta nobleza de España, por vascos y castellanos. El noble fuerte mezclo su sangre con la del guaraní que era hospitalario, noble pero sufrido y nació el mestizo. Azara, un tanto maldiciente decía; “Los paraguayos  aventajan a los de Buenos Aires en sagacidad, actividad, estatura y proporciones. En todo”. Sigue diciendo; “En Buenos Aires la raza de los mestizos se va haciendo mas Europea sin conseguir las ventajas dichas de los paraguayos, encuentro que, los paraguayos son muy astutos de luces mas claras hasta de los criollos (hijos de españoles y españolas)” y termina diciendo, – concluyo asi como Moussy y Waitz -, “las especies mejoran con las mezclas”.

Un suizo Rengger, estudió a los paraguayos durante años y dio un fallo favorable, sobre la raza paraguaya  “los paraguayos poseen todas las ventajas exteriores de la bella raza a que pertenecen sus padres, unidas a los caracteres morales de los indios, de que descienden por el lado materno Thompson clavo en el paraguayo sus ojos de ingles y certifico que “la raza paraguaya era físicamente superior a la de los estados vecinos“. Guiado por lo citado quizás, Larousse estampo en su Diccionario este juicio muy honroso para el Paraguay “ Su población ha formado una raza muy bella, ciertamente igual si no superior, a la de los primeros conquistadores”

!Quien sabe! Quien sabe si la raza paraguaya no estaba o no está llamada a alcanzar las cumbres a que solo llegan las razas muy superiores. Algo de esto columbro Rengger, el cientifico mejor organizado que ha visitado el Paraguay después de Bonpland. – Indagando voy al no se que del paraguayo –

Decian de nosotros que al paraguayo no gusta derramar sangre inutil. En su generosidad este valiente abraza al vencido como Cabañas a Belgrano. Derriba el gobierno colonial sin matar a nadie. El sargento Dure, a la muerte del Dictador, cambia la situacion sin causar heridas. Da los golpes del 9 de junio y del 9 de Enero sin derramar una gota de sangre. Solo en Paraguay sucedian estas cosas, ayer y hoy, ahora y antes.Esto  no pasa en ninguna parte decia un español segun nos cuenta Manuel Dominguez en sus memorias. Nuestra indole amable se puso de relieve siempre, lo mismo que nuestro caracter hospitalario, rastro hermoso de nuestra casta indigena.

En ningún pais hubo menos criminales que en el Paraguay desde el coloniaje, bajo Francia menos que antes y del tiempo de Don Carlos se dice que los criminales “eran casi desconocidos” (Dermersay)

Era sufrido y aqui llego a otro carácter típico en que he de insistir. El guarani se pasmaba de que hubiera prisioneros capaces  de pedir la vida al vencedor, tal cobardía era, a sus ojos, mancha fea que deshonraba y su cruza heredo -¿Como dudarlo?- este valor. Azara decia; “el indio ni grita ni se queja”, sufrir callado, estoicismo puro, ésta es su regla de conducta.

Posee el genio del indigena “el guarani” lengua llena de astucias, rica en ironías que castigan la flaqueza humana. Hablando su sonoro guarani es alegre, otro índice de su salud física y mental. Las razas tristes son desgraciadas y enfermas. Nuestra gente derrotada hoy, torna y retorna a la carga.

Historias de soldados veteranos cuentan que “Sabiendo que va a la muerte se burla con picante ironia, de los que fuimos contra el enemigo, volvio uno solo una vez, y volvio comiendo galleta y con las tripas colgando, y se reia el condenado”, agregando a su risa, el tan mentado, “japuka mba´e, iporave upeva” (riamos, que eso es mejor).

Concluyo nombrando de nuevo a Washburn, éste no dijo la verdad cuando afirmó que en su circular del 14 de setiembre, que Lopez ponia detras de los que entraban en combate, batallones con orden de fusilar a los cobardes. Precisamente su falta de táctica estaba en no poner tropas de reserva con esta función ni con ninguna.

Y aparte de todo, Washburn, cegado por el odio a Lopez y a nuestro pueblo se olvido de haber escrito dos meses antes de la citada circular en su nota del 14 de julio de 1868, al Ministro de relaciones Exteriores del Paraguay, que  “El Paraguay ha sostenido una guerra con una bravura y abnegación que han de hacer de ella  (de la guerra) una de las mas notables de la historia”. Y asi lo fue.

Queda dicho que a las energías que brotaban de causas internas y externas, se debía aquella bravura y aquella abnegación. De esta suerte y no por el famoso “miedo al tirano” es que el heroismo se desplego y sobrevivio hasta nuestros tiempos en nuestra patria.

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