Ulrich Lopacher nació en Trogem (Suiza) abandona su país por un incidente policial, a consecuencia de la vicisitudes del alcohol, entra en riñas con un policia y temeroso huye. Poco después Lopacher dió con sus ilusiones en Marsella. Alli cayó en las redes pecaminosas de agentes del gobierno Argentino que reclutaban ingenuos – so capa de colonos -. Firmado el contrato, abordó el navío y zarpo con la ilusión de labrar tierra americana.

Al llegar se enteró entonces que el Río de la Plata ardia en guerra y no solo no le dieron tierra que labrar, sino que le trataron como a una bestia. Los ochenta “colonos” que lo acompañaban, sin que tuviesen ninguna vela en el entierro fueron, enrolados en la llamada “Legion Militar” del ejercito Argentino.

En esta maraña de engaños, guerra y conspiraciones se encuentra Ulrich Lopacher y desde ahi, inicia su relato sobre la “Gran Guerra de la Triple Alianza” contra Paraguay.

En sus afirmaciones con respecto al Mariscal Lopez, repite la infamante propaganda enemiga contra él. Esa propaganda que funcionaba como motivación poderosa en las tropas, estrategía que motivaba  como arma psicologica en la moral y animo de los soldados.

Se opinaba que López, debía sufrir de “megalomanía” habiendo osado , con un ejército de apenas 15.000 hombres, oponerse a 80.000; y que tuviera además la intención de hacerse rey o emperador de un gran imperio guaranítico,  que ya se estaría construyendo en su capital, Asunción, un palacio  correspondiente a tal dignidad. Se contaba que su padre Don Carlos Antonio Lopez, al morir en 1862, se le dejo el país en herencia, un país que en cuanto a comercio, comunicación, justicia e instrucción estaba sin deudas, con un tesoro de muchos millones y en condiciones florecientes. Condiciones que su hijo por inviscuirse en relaciones internas del Uruguay comprometia irresponsablemente.

La “Legion Militar” compuesta por los 80 “colonos” traidos hasta America bajo engaños y que ya tenía más hombres en esta condición, pagaba un sueldo mensual de cinco patacones, equivalentes a unos 5 reales de la época aproximadamente, a sus “mercenarios”

Decía Ulrich, “Para nosotros, los gringos en servicio militar argentino, no había ni derechos ni justicia. Fuimos entregados al capricho y a las malas ganas de nuestros superiores que podían a su antojo desenvainar sus afilados sables para las heridas, mutilaciones y la muerte  para luego  decir -Un gringo menos-.”

Cuenta además que las luchas contra el Paraguay era un baño de sangre pues, “Un Paraguayo nunca se rendía, no daba y no pedía perdón”. Eran virtuosos en la ejecución de el degüello y se servían para ello del llamado “faggon” un largo cuchillo en forma de sable.

La lucha del Paraguay fue incanzable, no se rendía, salvo cuando vieron a su líder, El Mariscal López reaccionar ante la inminente derrota con ciertos aires de locura. Se dice que López dío un nombre despectivo a los brasileros, ” kaí camba” que representaba a monos negros y mando hacer dibujos de brasileros en forma de monos. Si alguien era preguntado sobre estos dibujos y daba la respuesta de que representaban a brasileros era ejecutado, si decía que eran “monos” se salvaba. Se decía también que en busca de culpables y traidores López extermino a su familia, mando torturar y fusilar a sus hermanos, a uno de ellos mando untar con miel de abeja, coserlo con cuero de vaca y echárselo a las hormigas.

De los 80 “colonizadores” puestos al servicio militar de argentina como esclavos, solo 5 sobrevivieron al final de la Guerra Grande. La gran mayoría fue muerta en combate o victima de las fuertes torturas a las que eran sometidos por sus superiores.

Ulrich logró escapar al chaco paraguayo para luego el 31 de octubre de 1871 pisar suelo brasilero y lograr su salvación huyendo a su país natal. Murió, octogenario, en el Asilo de Ancianos de esa ciudad en 1930.

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