Cartago fue en la Antigüedad una próspera ciudad y una verdadera potencia de su tiempo que se enfrentó a la gran Roma en las concidas como “guerras púnicas”.  El Origen de Cartago hay que buscarlo en un grupo de fenicios, que procedentes de Tiro llegaron al norte de África y fundaron una nueva ciudad aproximadamente en el siglo XIII a. C. con el nombre de Qart Hadast. Pero, aunque interesante, la prosperidad de Cartago y su desarrollo no me apasionan tanto como su origen. Ya  que la historia de su fundación ha estado durante casi tres mil años envuelta en leyendas de amor, engaño y justificación. Varios de estos mitos han sobrevivido y llegado a nuestros días a través de la literatura griega y latina. Según estas leyendas; la ciudad de Cartago fue fundada por la reina Dido (Elisa o Elissar) quien salió de Tiro huyendo del asesino de su esposo, su hermano menor, Pigmalión que quería a toda costa, convertirse en el nuevo rey de Tiro. Dido con su exilio habría evitado que su pueblo llegara a una inevitable guerra civil.

Siguiendo con la leyenda – que ha sido adulterada por algunos escritores clásicos latinos – Pigmalión, ambicionaba el tesoro de Siqueo, esposo de Dido, la obligó a que le revelase la ubicación de dichas riquezas. Dido engañó a Pigmalión indicándole un falso lugar y éste primero asesinó a Siqueo y después buscó la fortuna, mientras Dido lo desenterraba y huía con el tesoro y sus seguidores. Embarcó y navegó hasta llegar a la región habitada por los libios, donde solicitó al rey local tierras para fundar una ciudad pero, reacio a la intrusión, solo le concedió el terreno ocupado por una piel de toro. Dido, mujer ingeniosa, cortó la piel en finísimas tiras y así delimitó una gran extensión e hizo construir una fortaleza llamada Birsa, que más tarde se convirtió en la ciudad de Cartago.

Virgilio poeta romano, en su “Eneida” en el siglo I a. C, mezcló en su epopeya esta leyenda con la realidad, a la manera de los legendarios mitos griegos de los poetas épicos -como Homero o Hesiodo-, en los que los hombres destacados aparecen como héroes de grandes hazañas que se entremezclan con la intervención de los dioses y con elementos trágicos conducidos por la acción de la fatalidad del destino.

Así eran los mitológicos relatos homéricos, los más antiguos del pasado griego. Pero los romanos envidiosos de todo lo griego tambien quisieron tener su propia leyenda para el origen de Roma. Es notable como tomaban todo de Grecia y se apropiaban de ello. El texto de la Eneida resulta casi una transcripción de los poemas homéricos a partir de la guerra de la destrucción de Troya. Así pues, Virgilio creará la Eneida para, además de complacer y vanagloriar al emperador Augusto por pacificar el Imperio (siendo uno de los primeros ejemplos de propaganda política en la Historia), atribuir un origen legendario a Roma creando el mito de Eneas.

El mito de Eneas presenta a éste como un héroe troyano que tras la destrucción de Troya quemada por el ejército aqueo, huye con el objetivo de llegar a las costas del Lacio para fundar una nueva Troya. La aventura peregrina de Eneas dura siete años, hasta que es acogido en el emergente reino de Cártago, gobernado por Dido o Elisa de Tiro, la primera reina de Cartago. Los dioses-Venus y Cupido- intervienen y Dido se enamora perdidamente de Eneas. Según la Eneida , la huida de Eneas de los brazos de Dido, se produce por voluntad de los dioses. Pero Dido, tras la partida de Eneas y mortalmente herida de amor, se quita la vida, maldiciendo antes a toda la estirpe venidera de Eneas y clamando el surgimiento de un héroe vengador. De esta forma Virgilo creaba un magnífico melodrama cuyo argumento justificaría en el futuro la eterna enemistad entre dos pueblos hermanos, el de Cartago y el de Roma, lo que devendría en las guerras púnicas.

Es notable, desde antaño, tal vez la pasión, el amor o simplemente las mujeres, determinában el rumbo de la historia.

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