El futbol, dicese de él que  fue jugado por primera vez en Egipto, como parte de un rito por la fertilidad, durante el Siglo III antes de Cristo.  Dicen también que el “Harpastum romano” es el antecedente del fútbol moderno, y se inspiró en un juego griego que utilizaba una vejiga de buey como pelota. Los romanos, en época del imperio, llevaron a Britania este juego, donde  -según datos legendarios- se practicaba una especie de fútbol nativo. Los Hindúes, los persas y los egipcios adoptaron este elemento para sus juegos, utilizándolo en una especie de handball. En fin desde que fue descubierto se convirtió en la tan escuchada y conocida “pasión de multitudes”.

Paraguay no ajeno a esto vio nacer en su seno a dos grandes equipos de fútbol; el Club Olimpia y el popular Cerro Porteño, para muchos “El club del Pueblo” pero ésto de “el pueblo” es por lo popular o ¿por la comparación que normalmente hacemos entre el pueblo y el sufrimiento? Si señores, Cerro es un club de sufrimientos.

Aturdida por tanto alboroto entre olimpistas y cerristas, unos jactandose de que la historia es del ayer y no del presente, otros reclamando no tenerla.. escuchando hasta el hartazgo el reclamo de “100 años de nada” me sentí intrigada hacia el particular “sufrimiento cerrista”. Este sentimiento entre ansiedad y frustración difusa entre amargura y esperanza.

Bien es cierto que, a lo largo de su Historia “Cerro” ha acarreado mas frustraciones que otra cosa. A diferencia de su eterno rival “Olimpia” no pudo obtener aun ninguna copa internacional, y según las estadísticas el número de campeonatos ganados por Olimpia (39) es mayor al de los obtenidos por Cerro (27).  Además de esto Olimpia nunca jugó en segunda división,  en cambio Cerro Porteño lo hizo en 1913.

Todo esto llamo mucho mi atención, ¿Será que en 100 años de Historia no fue posible conformar un equipo sólido capaz de lograr victorias como las del Olimpia? ¿Podríamos culpar de esto a la Yeta?

 Viendo un poco de todo me encontré con esta historia, la de Racing de Avellaneda, la década de los sesenta fue gloriosa para el Racing de Avellaneda. El conjunto albiceleste se convirtió en uno de los equipos más importantes de Argentina y Sudamérica. Dicese que por ello, varios hinchas de Independiente, – el eterno rival de Racing- cansados de los éxitos de su vecino, decidieron poner fin a estos de una peculiar manera: echándoles una maldición. Sin embargo, casualmente, pasaron los años y la estrella de Racing comenzó a apagarse en gran medida por los fallos que los albicelestes tuvieron en aquella portería. Tanto que la Academia llegó a perder la categoría en el 83. Según cuenta la leyenda, ésta maldición, consistió en enterrar a siete gatos en la grada popular del campo del cilindro. En los noventa, examinaron el césped y entonces  encontraron unos huesos de gato. Por ello, en 1998 se hizo una misa con el objetivo de desterrar la maldición para siempre. La cosa resultó…..pero a medias. Y es que Racing volvió a ser campeón, pero los fallos clamorosos se siguieron sucediendo en la portería maldita. Aún hoy sigue en pie el debate sobre la existencia de los hechizos y brujerías, aunque los hinchas de Racing, mal que les pese, no tienen dudas: la maldición del cilindro existe y sigue viva.

Entonces, ¿Deberíamos buscar gatos en la olla?

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